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El penúltimo plato

last update Fecha de publicación: 2021-11-01 01:17:50

Cuando tomo el valor de entrar de nuevo a la cocina, las piernas me tiemblan al caminar. Alejandro se encuentra revisando estación por estación las preparaciones, probando todo y dando indicaciones.

— Ve a enfermería — me hace una seña con la cabeza para que salga de nuevo de la cocina y al final la comisura de sus labios sube ligeramente para formar una pequeña pero cómplice sonrisa entre los dos.

Voy saliendo de enfermería con un buen vendaje en el dedo para que no me vaya a molestar el resto del día y sobre todo en el servicio.

— ¡Emily! — la llamo cuando la veo bajar del ascensor.

— Oli… — Viene sonrojada y aturdida; y posiblemente yo estoy igual, aún me cuesta pensar con claridad.

— ¿Cómo te ha ido? ¿Qué te ha dicho? — le suelto de una.

— Ah… Nada, una advertencia — dice con dificultad.

— ¿Tan malo ha sido? — me preocupo, realmente esta no es Emily. Y ya estoy empezándome asustar.

— No… Ah… ¿Qué? — trastabilla las palabras.

— La advertencia… — ceño la frente — ¡Que si te regañado! ¿Qué te ha dicho para ponerte así? — levanto la voz y la sangre se me empieza a calentar.

— No, no me ha regañado… — se sacude la cabeza — No ha sido nada, solo la advertencia, debo ir a … — y hace una señal hacía el comedor donde están todos reunidos. Sé que debo preocuparme por su actitud extraña, pero ahora sí que menos puedo sacarme de la cabeza a Alejandro y ese beso tan… tan apasionado. El mismo beso que probablemente le estaba dando a esa joven mesera. ¿A qué carajos está jugando?

Desde donde estoy puedo ver al sommelier hablándoles de los vinos elegidos para hoy. Los reconozco a todos, menos a un chico nuevo, posiblemente entró hoy, estamos algo cortos de personal por estos días, pero no veo a la chica… Repaso en mi mente su nombre, pero no lo recuerdo, por más que me estiro no la veo.

Respiro profundo, debo concentrarme y volver a la cocina, cuando entro ya están emplatando y a mi plato aún le falta siglos para estar listo, me dispongo a cocinar, sin levantar la mirada para no desconcentrarme, estoy segura de que, si lo miro no podré seguir.

Van preparando todo para la degustación, mi plato es el último en llegar, pero llega.

— Olivia — me llama Alejandro para que vaya hacía él e inmediatamente me pongo nerviosa.

— Sí, chef — me planto frente a él, esperando alguna orden y esperando que no sea nada personal.

— Prueba conmigo — sus ojos brillan de nuevo con esa intensidad extraña. Después de un instante hace una seña a los platos frente a él y comprendo a lo que se refiere.

— Ah… Sí, chef — tomo unos cubiertos limpios. Y me siento a esperar la degustación, entran los chicos encargados de todo el servicio en el comedor para explicarles los platos.

Me concentro en su voz y en la manera de desenvolverse con la comida y la gente, es realmente bueno haciendo esto. Explica todos incluso el mío y me sorprende que lo haga de manera tan clara, como si él mismo lo hubiese preparado.

— Después de ti… — me dice Alejandro con elegancia. Tomamos el primer plato y todo es exquisito, los sabores, la cocción, la técnica, el emplatado, toda una obra de arte. Sin embargo, solo nos observamos, bocado tras bocado, compartiendo un mismo plato, lo suficientemente cerca para sentir como crece la tensión entre nosotros, el aire se empieza a condensar y siento poco a poco como nos va faltando el oxígeno, como va subiendo la temperatura y como los sentidos se agudizan, cada bocado de comida es placentera.

— Mm — gimo con algunos bocados de comida y su azul mirada se enturbia.

Con el penúltimo plato, que creo saber que es el de él, lo que él estaba preparando, como olía afuera en la calle, todos esos ingredientes los puedo ver en el plato. Y la explosión de sabores en mi boca es como su beso, apasionada, intensa, te deja sin aliento, mojada hasta los huesos y con ganas de más. El bocado en el plato es tan pequeño que es frustrante y así me sentí cuando me dejó allí afuera. Frustrada, enojada, excitada y con ganas de más. Sin importar lo que fuese, pero con ganas de más.

Toma mi plato y se toma el tiempo para degustar todo lo que he puesto, y siento como me juzga internamente y lo que me mata es que no puedo ver nada en su rostro de lo que piensa.

— Es bueno… — dice finalmente y lo miro esperando más. — Agrégalo al menú de hoy. Dales las indicaciones y que empiecen a preparar todo — se levanta y se va dejándome allí, de nuevo frustrada y con ganas de más.

— Sí, chef — susurro cuando ya se ha ido.

Dejo todo marchando en la cocina tal cual lo ordenado por Alejandro y salgo en busca de él, necesito hablar con él, aclarar lo del beso y marcar las distancias antes de que esto se complique más. Lo veo recostado en un pequeño sofá, en la oficina que tenemos cerca de la cocina. Incluso allí acostado, durmiendo parece ser otra persona diferente, me causa más intriga. Me doy la vuelta para dejarlo descansar.

— Olivia … — escucho su voz ronca y adormilada llamarme y me exalta. Cómo hace eso.

— Lo siento… — le digo en un susurro, y entro despacio, sin querer molestarlo — no quería molestar, chef.

Abre los ojos y me mira tranquilamente — Aún no me decido si me gusta o no me gusta que me llames así — frunzo el ceño, no entiendo que es lo que quiere decir.

— Lo de hace un rato, afuera… — hago una seña hacia el lugar y se me atraviesan las palabras, se me va acabando la valentía con la que venía dispuesta a discutir.

— ¿Qué? — pregunta divertido.

— No volverá a suceder — le respondo molesta.

— ¿Por qué? — sigue con hablando con el mismo tono, como si esto fuera un juego y se levanta del sofá.

— Porque no es lo correcto — cruzo los brazos, tratando de formar una barrera entre los dos.

— ¿Lo correcto? — se va acercando sigiloso como un animal al acecho de su presa. Me toma de la cintura y me lleva hacía él — ¿Qué es lo correcto, Olivia? — esta tan cerca que puedo sentir su aliento rozar mi rostro.

— No sé exactamente qué es lo correcto… — lo empujo lo más fuerte que puedo y a duras penas puedo zafarme de él. — Pero estoy segura de que a su noviecilla no le va a gustar lo que ha ocurrido. Así que, por favor, no se vuelva acercar a mí de esa manera — me giro para no verlo a los ojos.

— Ella no es mi novia — dice de manera tranquila.

— Bueno, amante, amiga, lo que sea. No me importa — empiezo a levantarle de nuevo la voz porque me enoja el descaro con el que habla.

— Ella no es nada… — trata de aclararme. — Lo que viste en la despensa, ella fue la que se lanzó… — trata de explicar.

— No necesito saber la situación, ni que invente excusas, yo sé que fue lo que vi — se me quiebra la voz, no pensé que me doliera tanto. Tampoco debería doler.

— No, no lo sabes, Olivia… — me toma del brazo y me gira, ni siquiera alcanzo a terminar de girar en mis pies cuando siento su boca sobre la mía, cubriéndola por completo. Me empuja hacía la puerta y la termina de cerrar. Escucho como pasa el seguro.

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Comentarios (3)
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Crys Mel
Me va encantando la trama de la historia!!!
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ING3_GONZALEZ
intrigante pelea
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camilo cardenas
me encanta la tensión de la historia
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Último capítulo

  • ¡SÍ, CHEF!   FIN

    – Olivia…– Alejandro – me giro rápidamente para verlo, está despierto, se ve cansado, terriblemente golpeado, pero por fin después de quince días ha despertado. – Cálmate, no te esfuerces. Ya llamo a las enfermeras. Entra una, dos enfermeras. Luego la doctora, lo examinan y regulan sus medicamentos. Alejandro me observa y observa el niño que llevo en mis brazos y él admira con atención todo lo que sucede frente a él. – ¿Por qué no me habías dicho? – pregunta, su voz se escucha forzada, como si le costada mucho hablar. – Lo siento, no hables. Por favor, sé que me equivoqué y espero que me perdones por ello. Yo… yo tenía miedo. – ¡Papi! ¿Jugamos? – le pide Martín a Alejandro. – En este momento papi no puede. Tiene que descansar. – ¿Esto es tuyo? – le pregunta Alejandro a su pequeño, las lágrimas salen de sus ojos sin poderlo controlar.Martín asiente y se restriega los ojos. – Deberían ir a descansar. Yo… n

  • ¡SÍ, CHEF!   Momentos, tiempos y realidades

    Una venda le cubre gran parte de la cabeza, en mi mente repito la lista, fracturas múltiples en los huesos de su mano derecha, contusión en la parte derecha de su cabeza, fracturas en varias costillas y dos rotas, evidentes moretones en diferentes partes de su cuerpo donde recibió el impacto. Una hemorragia interna provocada por una de sus costillas. Sus ojos están cerrados, todas las maquinas hacen ruido y pitidos exasperantes, me acerco a pasos cortos y lentos, una bolsa de sangre sobre la cabecera de la cama resalta demás de las otras con el suero y los medicamentos que le administran, le tomo la mano izquierda y se la acaricio. — Lo siento. No debí irme anoche del restaurante. No debí irme de tu departamento — me siento a su lado y sollozo entre su mano y las mías. Después de un largo tiempo, de desahogarme y dejar que la tristeza saliera de mi alma, me levanto para acariciarle el rostro y recuerdo las noches que dormimos juntos uno al lado del otro compartiendo

  • ¡SÍ, CHEF!   Suena el timbre

    Siento el aire frío de la ciudad colarse por la visera de mi casco, voy lo más rápido que puedo, incluso me paso varios semáforos en rojo, solo quiero ver a mi amada Olivia y consolarla. Aunque en este momento ya lo esté haciendo otros brazos, otro corazón, que esté besando sus dulces labios y posiblemente haciéndole el amor. Una punzada me atraviesa el pecho y me hace desequilibrar por un segundo, zigzagueo con la moto bajo mí, y retomo el control de nuevo con un poco de dificultad, bajo de a poco la velocidad para darme un minuto y respirar. Lo importante es llegar donde ella, así sea tarde.Un pitido y las luces de un coche me hacen espabilar de la peor manera. (…)El timbre suena y hace que Martín se despierte de nuevo, llora con ira así que debo alzarlo para poder abrir la puerta. De alguna manera también agradezco que sus pequeños brazos rodeen mi cuello, encuentro un poco de consuelo en ese gesto, aunque él no entienda

  • ¡SÍ, CHEF!   Cardamomo y cúrcuma

    — Cardamomo y cúrcuma — le digo a Isabel apenas entro y la veo recostada en el sofá de la oficina, muy tranquila como si solo estuviese esperando a que la noche acabe para irse, ni siquiera parece que hubiese llorado.Ella empalidece y me mira asustada. La tiro de uno de sus brazos y la obligo a levantarse y esta vez pega un grito más fuerte, supongo que con el propósito que la escuchen. Me siento enojado, decepcionado y triste — Eres la peor persona que he conocido en mi vida. — Alejandro, yo no hice nada — intenta escabullirse. — Así fueras la última persona sobre la faz de la tierra, nunca me metería contigo — respiro y solo siento lastima por ella. Aún así no la suelto y la saco arrastras del lugar.La cocina sigue funcionando, con un poco más de preocupación, pero sin afectar en nada, las personas que ha elegido Olivia para trabajar con ella son leales y en medio de todo eso es bueno.— ¿Dónde está Olivia? — le pregunto a Emily qu

  • ¡SÍ, CHEF!   Sabor amargo y corazón roto

    Me dispongo a ayudar a Olivia con la cocina, cada vez entra más gente y hay más pedidos, es una de las mejores noches que hemos tenido en el restaurante. Verifico que todos estén trabajando de la manera correcta y les hago correcciones, y sobre todo estoy atento a Isabel, aunque después de lo que le dije ayer espero que tenga su mente más clara. Emily entra a la cocina, le falta un poco el color en el rostro, así que me acerco al mesón para ayudarle a sacar pedidos y escuchar lo que hablan, procurando que nadie en la cocina sospeche nada. — Y el otro, ellos. Todos son adultos, no tan viejos. Todos son amigos y uno de ellos se ha quedado en este mismo hotel. Hizo la reserva la semana pasada y llegó ayer y entregará la habitación el día de mañana en las horas de la mañana — le explica Emily a Olivia.— Es muy posible — todos afirmamos de acuerdo con que esa es la posibilidad es la más acertada.Olivia le agradece a Emily y ella se va a seguir con todo

  • ¡SÍ, CHEF!   Vicio divino

    — Tres Magrets, dos Rossini y tres chuletones — gritan al fondo y yo sigo concentrado en la salsa que me ha quedado horrible, la intento arreglar como sea.— Alejandro… — escucho mi nombre provenir de esa misma dulce voz que grita de vez en cuando — Tres chuletones de búfalo — me dice con suavidad, aún en sus ojos se nota que ha estado llorando, se le ven algo tristes y apagados. Aún sin ser parte de su vida le sigo causando tristezas. — Sí, chef — le contesto y en ese justo momento suena mi teléfono, debe ser algo extremadamente urgente para que reciba una llamada, todas las personas que me conocen saben muy bien que mientras que esté en un servicio, nunca voy a contestar. Miro el número y es Luigi, mi gran amigo y chef — Un minuto, chef — le pido a Olivia que aún me observa con atención y me lo concede. Salgo de la cocina al callejón y el aire frío es un alivia para mi cabeza. — Luigi — le saludo. — Fonollar — contesta el hombre

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