Masuk—¿Estás lista? —preguntó Nikolai por el intercomunicador.—Siempre.Él se planteó como única respuesta y comenzó a trasladar a los hombres mientras que Anastasya comenzaba a narrarle los puntos débiles del lugar.Los hombres de Nikolai y Anastasya rodearon el complejo subterráneo de Popov, dos equipos, dos puntos de entrada, en un despliegue impecable, moviéndose como sombras armadas.—Frecuencias bloqueadas —susurró ella—. Tienes treinta segundos antes de que el sistema se reinicie.—Más que suficiente —respondió Nikolai a su lado, con la voz baja y controlada—. Zade, confirma posición.—Perímetro este asegurado —llegó la respuesta por el intercomunicador—. Nadie entra ni vende.Nikolai hizo una seña y sus hombres avanzaron.—Puntos de inserción alfa y beta cubiertos —la voz de Arkady resonó limpia a través del comunicador—. Exterior limpio. —Entramos —ordenó Nikolai.La puerta ocurrió con una explosión. Nikolai se dirigió a los hombres con una ferocidad fría, derribando las primer
—Aquí está —dijo Anastasya señalando un punto parpadeante en los muelles del sector norte—. La ubicación exacta del cerebro detrás de la trampa. El complejo subterráneo de Popov, está blindado, pero he conseguido las frecuencias de acceso de su seguridad, ambos podemos conseguir el acceso correcto cuando lleguemos.Después Anastasya miró a Arkady a su lado y dejó escapar un suspiro de alivio, sin pensarlo, le puso una mano en el hombro, apretándolo orgullosa de su segundo al mando.Nikolai observaba la escena con los brazos cruzados sobre el pecho. No decía una palabra, pero su mirada fija en el segundo al mando de Anastasya era lo suficientemente afilada como para que si alguno de los dos miraba en su dirección notara la chispa asesina en sus orbes.—Brillante, Arkady. Él había dicho antes de este punto y no lo escuché —le dijo a Nikolai para que entendiera porqué felicitaba a su segundo al mando.Ella le dedicó una sonrisa genuina llena de una calidez que rara vez mostraba. Arkady l
Los días siguieron pasando en una intimidad evidente, creando una rutina doméstica que ninguno de los dos planeó pero que ambos aceptaron en silencio.Investigar quién les había tendido la trampa requería horas frente a las pantallas, analizando cuentas fantasmas en el extranjero. Sin embargo, entre los informes de sus hombres, la convivencia se había instalado entre ellos de una forma peligrosamente natural.Anastasya salió del baño con una toalla en el cabello y vistiendo únicamente una de las camisas negras de Nikolai, que le quedaba lo suficientemente holgada como para cubrir la mitad de sus muslos. Caminó descalza hacia la cocina, donde el albino ya estaba de espaldas, sirviendo dos platos con una cena ligera que se veía sorprendentemente buena para haberla hecho él.—Te estás tomando muy en serio el papel de amo de casa, Volkov —se burló Anastasya apoyando la cadera contra la encimera. Le dedicó una sonrisa cargada de esa arrogancia elegante y desdeñosa que acostumbraba a usar
Nikolai no salió de la habitación por mucho tiempo y cuando volvió terminaron enredados entre las sábanas como todos los días."Solo es sexo." Se decía Anastasya pero lo cierto es que ya no estaba tan segura porque en las noches la cama se había convertido en territorio neutral a regañadientes.Dormían de espaldas al principio. Después sin discutir, el espacio entre ambos se fue acortando. Anastasya se despertaba a veces con el brazo de él sobre su cintura, pesado, posesivo incluso dormido. No lo apartaba de inmediato. Contaba hasta diez. Después se deslizaba fuera de la cama y odiaba el frío que dejaba su ausencia.Nikolai cuando fingía seguir dormido, sonreía contra la almohada deseando que ella comenzara a dudar de sus propios sentimientos y sabiendo que estaba llegando a un lugar que Anastasya no había dejado llegar a nadie.*Al día siguiente la investigación los llevó a un nombre, un contable fantasma que había movido dinero hacia una celda menor dos semanas antes del ataque
Los días comenzaron a pasar sin que ninguno de los dos lo declarara en voz alta lo que veían.El primer amanecer en el apartamento de Nikolai, Anastasya bajó ya vestida.Él estaba en la encimera de la cocina, sin camisa, sirviendo café exactamente como ella lo tomaba. No dijo nada, ni siquiera una de sus acostumbradas palabras burlonas, se limitó a deslizar la taza hacia ella. Anastasya la aceptó sin agradecer y bebió, el silencio que se instaló en la cocina no fue incómodo, casi más íntimo que un beso.—Mis hombres reportaron movimiento en el puerto norte —dijo ella como si nada.—Los míos también, alguien está borrando rastros demasiado limpio para ser un mafioso cualquiera si aún no hemos podido rastrearlo —respondió Nikolai tenso—. Es alguien que nos estudió.La segunda mañana Anastasya ya sabía en qué cajón estaba el azúcar que nunca usaba y en cuál él guardaba su arma corta de respaldo porque a pesar de que el lugar era seguro, las armas estaban por todas partes por si acaso,
La boca de él se cerró sobre la de Anastasya con urgencia que no pudo ocultar, la besó durante demasiado tiempo como si el sótano, la sangre en sus manos y las llaves en el puño de Anastasya hubieran roto la última capa de control en él.Anastasya sintió un golpe en su pecho y tuvo un segundo de resistencia orgullosa antes de que sus dedos se cerraran alrededor de la tela de la camisa de él, atrayéndolo en lugar de empujarlo.Nikolai gruñó bajo contra su boca al sentirla responder.La sujetó de la cintura con una mano y con la otra le sostuvo la nuca, inclinando su cabeza para profundizar el beso. No había delicadeza vacía, había hambre, rabia, esa necesidad oscura de confirmar que seguía entera después de todo lo que había pasado en las últimas horas.Cada movimiento de sus labios era una reclamación silenciosa.“Estás aquí, estás viva, estás conmigo.”Anastasya lo sintió todo.El calor de su pecho contra el de ella, el sabor a tensión y a victoria, la forma en que su cuerpo, tan a







