INICIAR SESIÓNCriada como una princesa de la Bratva, Anastasya Alexandrova aprendió que en la mafia el amor es una debilidad y el poder lo es todo. Cuando el hombre al que entregó su corazón la traiciona, desaparece sin dejar rastro y regresa convertida en una mujer dispuesta a cobrar venganza. Pero Nikolai Volkov es el depredador que nunca pierde. Posesivo, implacable y temido incluso por los Pakhan más poderosos, creyó que Anastasya le pertenecía, pero cuando ella reaparece del brazo de otro, la guerra entre ellos se enciende. Celos, deseo y rabia se entrecruzan, sin embargo, él conoce el secreto que puede destruirla. Y el precio por salvarle la vida es solo uno. —Cásate conmigo. Ahora. ¿Casarte con el hombre que juraste destruir? Anastasya preferiría morir.
Ver másAnastasya se acercó a la oficina de Nikolai con una mano protectora sobre su vientre todavía plano. Por primera vez en mucho tiempo tenía una sonrisa genuina adornando sus labios.
Estaba nerviosa, emocionada, asustada."No puedo creer que estoy embarazada."Después de tanto dolor, después de sentirse rota y vacía durante tanto tiempo, por fin tenía algo que era verdaderamente suyo.Un bebé.El hijo de Nikolai.El hombre que, a pesar de ser menor que ella y de su carácter posesivo, había logrado hacerla sentir deseada de una forma que nadie más había conseguido."Debo decírselo ahora."Llegó frente a la puerta y levantó la mano para tocar, pero se detuvo enseguida al escuchar voces provenientes del interior.—No creerás que ella va a darte hijos, ¿verdad? —preguntó una voz femenina, dulce pero cargada de malicia.Anastasya contuvo el aliento en ese instante porque reconocería esa voz en cualquier lugar del mundo.Era Bárbara.Su única amiga.—Puede ser —respondió él casi desdeñoso—. Pero eso no te incumbe, no tengo que dar explicaciones, ni a ti, ni a nadie.—Entiendo perfectamente que te guste Anastasya. Ella es hermosa, de eso no hay duda.Desde la rendija de la puerta entreabierta, Anastasya vio como Bárbara se acercaba a Nikolai para hablarle con más atrevimiento.—Tiene un cuerpo que vuelve locos a los hombres pero no es nada maternal, sumado a eso, ella es mayor que tú. Ya pasó su mejor momento.Anastasya se encontraba incrédula de estar escuchando aquello, era como si estuviera dentro de una especie de pesadilla cruel.Después de todo lo que había hecho por Bárbara.La había ayudado en los momentos más oscuros de su vida, era la única persona en quien Anastasya había confiado de verdad.Y aun así...—No estarás enamorado de ella ¿Nik? Dios mío, ella una vez te humilló, siempre te vio como alguien inferior —añadió ella—. ¿Ya olvidaste eso? Ahora no es nadie a tu lado, ha llegado el momento de tu venganza."¿Venganza?"Anastasya notó que la expresión de Nikolai no cambiaba en lo absoluto, manteniéndose impasible y relajado.De repente, Bárbara pasó una mano con familiaridad por el pecho de él, acariciándolo lentamente, como si tuviera derecho de tocarlo.Nikolai bajó lentamente la mirada hacia la mano sobre él.Después volvió a levantar los ojos hacia ella pero no hizo el menor intento de apartarla, provocando un dolor inmediato en Anastasya.Algo pareció clavarse en su pecho, oprimiéndole el corazón.—No seas absurda —respondió el hombre con esa voz ronca y desdeñosa que Anastasya tanto había aprendido a amar.—¿Absurda? —Bárbara soltó una risa baja y seductora—. Solo te recuerdo la verdad, ¿Cuántos años tiene ya? ¿Treinta? Tú necesitas una mujer que pueda darte un heredero, alguien que aún tenga tiempo.—¿Y esa eres tú?Anastasya apretó los puños con tanta fuerza que las uñas se le clavaron en las palmas. La rabia crecía en su pecho como un veneno que se extendía amargamente.Una expresión imposible de descifrar cruzó el rostro de Nikolai.Bárbara se acercó más a él, ciñéndose a su cuerpo, eliminando cualquier distancia entre los dos. Como si aquella cercanía no fuera reciente."¿Acaso ellos...?" Ni siquiera podía pensar en aquella palabra.—Yo en cambio puedo darte todo lo que quieras. ¿Qué te puede ofrecer ella aparte de sexo y recuerdos? Anastasya no es como el resto de las mujeres de la Bratva, está obsesionada con la mafia.Nikolai guardó silencio por unos segundos, por un instante creyó que iba a detener aquel palabreo incesante.Un atisbo de esperanza se encendió en ella pero luego, con una indiferencia que terminó de destrozar el corazón de Anastasya, respondió:—No voy a discutir esto contigo."¿Por qué no la detienes? ¿Por qué no...?"Anastasya sintió que la verdad le estalló en la cara en ese momento."Todas sus palabras fueron mentira, eso es obvio." Pensó para sí misma, llena de amargura."¿Cómo pudo hacerme esto?"Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos pero las contuvo, negándose a ser débil.La misma mujer a la que había considerado su única amiga ahora deseaba al único hombre que Anastasya había querido de verdad. Y Nikolai... el hombre que le había susurrado promesas posesivas, que la había hecho sentir querida, permanecía allí, en silencio, escuchando cada palabra maliciosa de los labios de la que supuestamente era amiga de su..."¿De su qué? ¡No soy nada para él!"Para ella, ese silencio decía más que cualquier palabra. Era como si ya se hubiera convertido en un objeto temporal, un juguete destinado a ser abandonado cuando dejaba de divertirlo.Bárbara rió suavemente y pasó los dedos por la mandíbula de Nikolai.—Tú mereces algo mejor, mereces a alguien como yo.Anastasya no pudo soportarlo más.Sin ver la nueva reacción de Nikolai hacia el toque más íntimo de Bárbara, se dio la vuelta y caminó apresuradamente por el pasillo."Maldita traidora."Apretó los dientes hasta que le dolió la mandíbula."Y tú... ¿Eso soy para ti, Nikolai? ¿Un entretenimiento? Después de dejar que me poseyeras... ¿Así me ves? ¿Como algo desechable?"—Señora Alexandrova, no es lo que...—Cállate —siseó al segundo al mando de Nikolai y salió de la mansión casi sin aliento, con el pecho agitado y las lágrimas finalmente escapando por sus mejillas sin control."¿Cómo pude ser tan estúpida? ¡Voy a destruirlos! Yo..."—Maldita sea —susurró intentando calmarse.Se llevó la mano al vientre, porque ahora no estaba sola."Pero este bebé es mío..." pensó sin detenerse "Y jamás permitiré que me lo arrebate."Sumida en sus sentimientos tormentosos, no vio el auto que se aproximaba a gran velocidad por la calle que cruzó para dirigirse a su auto.—¡Señora Alexandrova! —gritó alguien desde lejos.Unos brazos fuertes la envolvieron de repente, arrojándola con violencia hacia el otro lado de la acera.El impacto contra el suelo fue brutal. Un dolor agudo atravesó su espalda y su cabeza golpeó contra el pavimento.—¿Señora? ¿Está bien?—¡...Anastasya!Las voces se fueron alejando.Su visión se volvió borrosa y lo último que sintió fue una humedad entre sus piernas y un terror profundo."No, no, no."—Mi bebé...Después, todo se oscureció.—¿Sabes qué es lo más gracioso, Volkov?Nikolai reclinó apenas la cabeza contra el respaldo de la silla, sin soltar su cintura. Sus ojos azul grisáceo brillaban con una mezcla peligrosa de diversión y algo más intenso.—Seguramente me lo dirás. Tengo todo el tiempo del mundo para escucharte, Krasávitsa. Y ya que te veo tan cómoda, soy todo oídos.Ella entornó los ojos.—Te creíste demasiado inteligente.La sonrisa que se dibujó en los labios de él fue irritante... y atractiva, malditamente atractiva.—Y tú demasiado buena cazando.—Te encontré —replicó ella bajando un poco la voz de manera seductora, haciéndole sentir cada palabra—. Eso es evidente. Rastreé tu ubicación y ni siquiera pudiste verlo venir.Nikolai soltó una risa baja, suave, casi perezosa. Como si de hecho lo deleitaran sus palabras.—Después de seis meses."Maldito creído..." pensó ella.Anastasya fingió una sonrisa desdeñosa, aunque por dentro la frase le rozó el orgullo.—Pero te encontré.—¿Y qué vas a hacer ahora?
La dirección IP la había llevado hasta las afueras, a una casa de apuestas.Anastasya bajó del auto antes de que Arkady pudiera rodear el vehículo y el viento frío le movió el cabello rojo mientras ajustaba el abrigo, ocultando el arma en su cintura.—Averigua quién es el dueño —ordenó sin mirarlo—. Yo haré que me lleven a la sala de controles.—Pero...—Arkady, obedece.El hombre apretó la mandíbula, claramente contrariado de tener que dejarla sola pero asintió y se separó de ella para cumplir la orden. Anastasya no esperó. Cruzó la entrada principal con paso firme, fingiendo ser una jugadora más y la dejaron pasar sin preguntas.La planta baja estaba llena de mesas de juego, pantallas y mucha gente deseando ganar dinero que terminarían perdiendo.Ella no se detuvo, se ocultó en un punto ciego donde no encontró cámaras y golpeó a una empleada, arrastrándola al baño para cambiarse de ropa.—Hey, ¿Qué estás haciendo por aquí? —preguntó otro empleado.Anastasya se tensó ligeramente y de
Anastasya estaba revisando unos documentos que Ivanov le había enviado cuando uno de sus hombres entró a su oficina con una caja negra pequeña entre las manos.—Avtoritetsha, esto llegó a la casa, no tiene remitente. Los perros no detectaron nada, ya la revisamos dos veces.Ella levantó la vista con lentitud hasta Arkady y frunció el entrecejo.—¿Lo abrieron?—Pensamos que debía verla usted misma, el empaque es liviano.Anastasya extendió la mano.El hombre se la entregó y se retiró tras una inclinación breve, cerrando la puerta tras de sí.Anastasya la miró con curiosidad y la giró entre los dedos antes de abrirla con cuidado. Adentro sobre terciopelo negro, descansaba una pulsera.Se le escapó el aire de los pulmones y la miró con sorpresa, era exactamente igual a la que había visto años atrás.Tenía piedras preciosas, era el mismo diseño. El mismo brillo elegante que en su momento le había parecido exclusivo y tentador.La había visto mientras caminaba con Rashel y Yelena en busca
Anastasya no se movió.—No tengo ninguna reserva.—Está a su nombre y ya ha sido cubierta.La mujer sonrió con profesionalismo y le hizo un gesto para que la siguiera.Anastasya evaluó las salidas, las cámaras, el número de hombres armados de seguridad entre los civiles.El lugar era seguro.La guiaron hasta una mesa en un rincón elevado, con vista parcial al salón pero lo suficientemente apartada e íntima.Sobre el mantel había una copa ya servida.Vodka helado con un toque exacto de limón, la bebida que le encantaba y junto a ella, una nota doblada.Anastasya no se sentó de inmediato.Permaneció de pie, con los dedos rozando el arma bajo el abrigo mientras abría el papel con la otra mano, enseguida vio la letra elegante y masculina."—Trabajas demasiado, disfruta la cena, yo me encargué de tu jefe por hoy."El silencio en su cabeza fue absoluto durante un segundo.Después la rabia la sacudió primero de manera intensa.Alguien había interceptado una operación real, había manipulado u












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