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Capítulo 24: No la perdería ante él. ~ Franco ~ Ashley se puso de pie de inmediato. —¡Ya no sigas hablando, Franco! Aquí vamos de nuevo. Introduje las manos en los bolsillos de mi gabardina negra y ladeé ligeramente la cabeza, observándola con atención. —Le estoy diciendo la verdad. No estoy muerto. Ahora… —hice una pausa deliberada y miré primero a Ashley y después a los niños—, volvamos. Aún faltan unas horas para los resultados y… Antes de que pudiera terminar, vi una limusina ingresar al estacionamiento. Clavé una mirada fría en el guardia de seguridad. —¿No estaba cerrada toda la zona? —Sí. No… no sé quién lo dejó ingresar, señor —titubeó el hombre. Entrecerré los ojos. —Hablaré con tu jefe después de esto. Volví la atención hacia el vehículo negro de ventanillas polarizadas. La puerta se abrió y aquel maldito francés descendió del automóvil. —¡TÍO! —exclamó Fiorella. ¿Qué demonios…? La niña salió corriendo hacia él. Durante una fracción de segundo sentí el impu
Capítulo 23: ¡Ellos son tus hijos, CEO! ~ Franco ~ Un sentimiento ardiente me quemaba el pecho y no encontraba la manera de apagarlo. Era una furia incómoda, persistente, que se negaba a desaparecer cada vez que escuchaba el nombre “Louis” en boca de mi esposa. —Yo puedo encargarme de encontrar a los niños y mantenerlos a salvo —sentencié. —¡Devuélveme mi teléfono ahora mismo! —me exigió ella. Tsk. Maldita sea. Le entregué el aparato y saqué el mío para llamar al departamento de seguridad del edificio. —¿Señor Grimaldi? —me respondió el jefe de seguridad. —Cierren todas las salidas del edificio. Quiero equipos esperando afuera. Mis hijos se han escapado. Revisen las cámaras y envíenme la dirección que han tomado. —Sí, señor. Colgué y volví a mirar a Ashley, que, para mi sorpresa, se había quedado inmóvil. Ya no parecía furiosa. Más bien, estaba… ¿sorprendida? —¿«Mis hijos»? —recalcó. Entonces me percaté de que yo mismo había llamado así a los mellizos. Ni siquiera m
Capítulo 22: Las pruebas de paternidad. ~ Franco ~ Ashley se atrevió a alejarse para hablar con ese hombre. Ese maldito francés con el que se había atrevido a engañarme. Sin embargo, no fui tras ella. ¿Para qué hacerlo? Sabía exactamente cómo conseguir que volviera a prestarme atención. Mi mirada regresó a la habitación de descanso que había mandado a preparar para los mellizos, y caminé hacia allá. Al entrar, en una mesita redonda, colorida y de baja altura, estaban sentados los dos niños. Los dos levantaron la mirada hacia mí. Los ojos del niño eran de un tono gris tan parecido al mío que veía en mi espejo cada mañana, que resultaba difícil ignorarlo. —¿Leonardo? —pronuncié su nombre. Él apenas asintió antes de desviar la mirada con desinterés, como si mi existencia no mereciera su atención. Arqueé una ceja. ¿Se atrevía a ignorarme? Podría ser su padre y… No. Tenía que calmarme. No estaba ahí para pelear con un niño de… ¿seis años? Sí, creo que eso decía el documento
Capítulo 21: Mi mujer eres tú. ~ Ashley ~ Durante todo el trayecto a la clínica privada no solté las manitas de mis mellizos. Mi corazón latía con tanta fuerza ante la inquietud que me provocaba toda aquella situación que apenas podía pensar con claridad. Mis ojos verdes se clavaban constantemente en Franco, sentado en el sillón frente a nosotros dentro de la limusina. Quería decirle de todo a ese maldito. ¿Pero cómo podía encararlo con mis bebés presentes? Solo mordí levemente mi labio inferior, tragándome toda la furia que me invadía. —¿Mamita…? —susurró Fiorella, aferrándose con más fuerza a mi brazo. Me incliné para que pudiera hablarme al oído con mayor comodidad. —Dime, mi niña. —Tengo miedo… —susurró mi hija mientras su mirada viajaba hacia Franco, quien permanecía con aquel maldito porte altivo, cruzado de piernas y brazos, con la mirada gris fija en la ventanilla polarizada. —No te pasará nada. Ya casi llegamos. El ambiente dentro del vehículo era sombrío aquel
Capítulo 20: ADN exigido. ~ Ashley ~ Veía a mi tía apresurarse para preparar a los niños mientras yo sentía que el tiempo pasaba demasiado lento. Caminé hasta mi armario y me puse el primer jeans de mezclilla, una blusa blanca y el chaleco café ocre que encontré. Me coloqué unos botines de tacón, amarré mi cabello rubio en una coleta y ni siquiera me molesté en peinarme. Busqué mi bolso y eché dentro todos los documentos falsos de identidad de mis hijos y los míos. Tenía que ponerlos a salvo, lejos de Franco. Después de unos minutos, mi tía salió primero para asegurarse de que la casera siguiera esperando y no hubiera prensa cerca. —Vuelvo rápido, Ashley. Asentí. Miré a mis niños, ya cambiados con ropa casual de tonos claros. Mi pequeña llevaba un vestido amarillo y mi niño estaba vestido de blanco y beige. —¿A dónde vamos, mamita? ¿Hoy no darán clases? —preguntó Fiorella con esa vocecita tímida y mimada. —No. Hoy darán un lindo paseo… —traté de sonreírle a Fior
Capítulo 19: El matrimonio público. ~ Ashley ~ Parpadeé varias veces, incapaz de creer lo que veía, mientras mis manos se aferraban con más fuerza a la mesa. Páginas. Una pila de ellas, apiladas frente a mí… La primera correspondía a un noticiero francés: «El magnate italiano Franco Grimaldi llevaba nueve años casado en secreto con Ashley primogénita De Luca, dueña de L’Atelier Sucré de Rosalie, nueva pastelería francesa que inauguró anoche en París» —Tiene que ser una broma… —tomé entre mis manos temblorosas el puñado de hojas. Quité la primera y vi la segunda. Era una copia de la portada de un noticiero italiano: «El matrimonio del CEO Franco Grimaldi fue mantenido fuera de la prensa para proteger a su esposa Ashley De Luca durante el conflicto sucesorio tras la muerte de Luciano De Luca» —¡¿Qué?! —solté un grito—. ¡Mentiroso! ¡No pasó así! ¿Protegerme a mí del tema sucesorio De Luca? ¡Tiene que ser un mal chiste! Una risa quebradiza escapó de mi boca, mezclándose con la







