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CAPÍTULO 29 AMARGURA

Autor: Glory Autora
last update Fecha de publicación: 2025-08-26 05:51:34

El tiempo había pasado sin piedad. Tres meses después de aquella despedida la vida de Asher y Becca no volvió a ser la misma.

Asher sentía que todo lo que conocía se desmoronaba. Ahora vivía atado a un calendario marcado por citas médicas y falsas sonrisas. Aurora, con su embarazo cada vez más evidente, lo mantenía en una prisión de apariencias. No había día en que no se preguntara cómo sería su vida si ella no se hubiera ido. La amargura lo consumía en silencio, disfrazada con la rutina.

—¡Mir
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    Un año después.El sol se filtraba a través de los vitrales de la iglesia, bañando el interior con un mosaico de colores que danzaban sobre las paredes adornadas con guirnaldas de flores blancas y doradas. Los bancos, cubiertos con telas de lino y cintas de satén, estaban repletos de rostros sonrientes que susurraban con emoción contenida. El aire olía a jazmín y cera de las velas que titilaban en candelabros antiguos, dispuestos con elegancia a lo largo del pasillo central.Becca avanzaba con paso sereno, del brazo de su madre, cuya mano temblaba ligeramente de orgullo y emoción. El vestido de Becca, una cascada de encaje suave que rozaba el suelo, brillaba con cada rayo de luz que lo tocaba. Su rostro, enmarcado por un velo delicado, reflejaba una mezcla de calma y felicidad pura. Su madre, vestida con un traje azul pálido, no podía evitar que las lágrimas asomaran a sus ojos mientras apretaba suavemente el brazo de su hija, como si quisiera guardar ese momento para siempre.Detrás d

  • ¿POR QUÉ TENÍAS QUE SER TU?   CAPÍTULO 43 DEL DERRUMBE AL RENACER

    A la mañana siguiente, el país entero despertó con un escándalo que sacudió a los medios.“Camelia Bailey, acusada de haber comprado un bebé para hacerlo pasar como su nieta”El titular ocupaba las primeras planas. Los noticieros repetían en bucle las grabaciones filtradas, los documentos falsificados y hasta fragmentos de llamadas que Graciela había entregado. La noticia corrió como pólvora. Nadie podía creer que la mujer que por años se había mostrado como un ícono de elegancia y poder hubiera caído tan bajo.En su escondite, Camelia observaba la pantalla del televisor con el rostro descompuesto. Sus manos apretaban el control remoto hasta casi partirlo.—¡Maldito seas, hijo! —rugió, lanzando el aparato contra la pared—. Bien dicen, que cría cuervos y te sacaran los ojos.Su rostro estaba en todas partes: fotos en galas, entrevistas antiguas, hasta imágenes entrando y saliendo de hospitales. Ya no había forma de ocultarse. El apellido Bailey estaba bajo fuego, y todos los reflectores

  • ¿POR QUÉ TENÍAS QUE SER TU?   CAPÍTULO 42 LA DERROTA DE UNA MADRE

    El dedo de Camelia temblaba, presionando apenas el metal frío del gatillo. Su respiración era entrecortada, rota por sollozos que no lograban salir del todo. Por un instante, pareció decidida… pero la fuerza se le escapó como arena entre los dedos.El arma cayó al suelo con un estruendo metálico que resonó en el pasillo. Ella se llevó las manos al rostro, hundiendo las uñas en su piel como si quisiera arrancarse el dolor de raíz.—¿Por qué no puedo? —murmuró con la voz quebrada—. ¿Por qué ya no puedo hacer nada contigo?Asher no respondió. Ni una palabra, ni un gesto. Solo la miraba con esa frialdad que la desarmaba más que cualquier golpe.Camelia entendió. En ese silencio se sellaba su derrota. Ya no tenía poder, ni sobre él, ni sobre su vida.Enderezó la espalda con torpeza, recogiendo lo poco que quedaba de su orgullo, y lo miró una última vez. Su rostro estaba devastado, sus ojos hinchados y rojos, pero aun así trató de fingir entereza.—Me odiarás siempre… y esa será mi condena

  • ¿POR QUÉ TENÍAS QUE SER TU?   CAPÍTULO 41 LA ÚLTIMA SUPLICA

    Al llegar al hospital Asher no soltó a Becca ni un segundo, ni siquiera cuando los médicos lo rodearon para arrebatársela con suavidad. La vio desaparecer tras las puertas corredizas, mientras su pecho se apretaba.Horas después, sentado en el pasillo, con los nudillos manchados de sangre seca, escuchó al fin la voz de una enfermera:—Ya puede verla.Asher entró con pasos lentos. Becca yacía en la cama, el rostro pálido, conectada a una vía de suero. Sus pestañas temblaron y, de pronto, abrió los ojos.Al principio, la confusión nubló su mirada. Luego, el pánico se apoderó de ella. Su respiración se volvió errática, los monitores comenzaron a pitar.—¡No, no! ¡No me lleven de nuevo! ¡Suéltenme, por favor! —gritó, forcejeando con las sábanas, como si aún estuviera atada en aquella silla.—¡Becca! —Asher se abalanzó sobre ella, sujetando sus manos con firmeza, pero sin hacerle daño—. Amor, mírame… ¡mírame!Sus ojos la buscaban desesperados. Ella, llorando, lo enfocó por fin.—¿Asher? —s

  • ¿POR QUÉ TENÍAS QUE SER TU?   CAPÍTULO 40 INFIERNO EN LA CABAÑA

    La cabaña estaba envuelta en una penumbra cruel. El olor a sangre y humedad impregnaba el aire.Becca estaba atada a una silla, sus muñecas ya laceradas por las cuerdas. La piel de su rostro mostraba moretones recientes y un hilo de sangre se deslizaba por la comisura de sus labios. Aldo la observaba con deleite, como un verdugo que goza de cada segundo antes del golpe final.—Mírate… —susurró él, inclinándose hasta rozar su oído con sus palabras venenosas—. Tan frágil, tan rota… y, aun así, la joya más preciada de ese maldito.Becca intentó mantener la mirada firme, pero un grito desgarrador le escapó cuando Aldo presionó el filo de un cuchillo contra su costado, hundiéndolo apenas lo suficiente para hacerla arder de dolor.—¡Auxilio! ¡Por favor! —el grito se ahogó contra las paredes de madera.Pero nadie la escuchaba. La noche, cómplice de su verdugo, tragaba cada súplica. Aldo rió, con un sonido áspero que se le incrustó en el alma.—Grita, princesa… grita hasta que te quedes sin v

  • ¿POR QUÉ TENÍAS QUE SER TU?   CAPÍTULO 39 CUANDO LA CALMA SE ROMPE

    —¡Harika! —exclamó Becca, fingiendo severidad—. Esas son cosas de grandes, no tienes que preguntar por eso.La pequeña frunció el ceño, aún más intrigada.—Pero yo escuché clarito…anoche cuando iba por agua.Asher carraspeó, intentando poner orden.—Princesa, a veces los adultos…hacemos cosas, que nos dan mucha emoción.Becca lo fulminó con la mirada, sabiendo que estaba disfrutando cada segundo de su incomodidad.Harika, confundida, se encogió de hombros y se concentró en acariciar la manita de Salomé, como si no acabara de detonar un terremoto entre sus padres.En cuanto la niña volvió a distraerse, Asher se inclinó hacia Becca, sus labios casi rozando su oído.—La próxima vez tendremos que ser más silenciosos —susurró con tono burlón.Becca apretó los labios, fingiendo indiferencia, pero sus mejillas encendidas la delataban.—No te atrevas.—¿A qué? —respondió él, con esa sonrisa peligrosa que tanto odiaba… y que tanto la enloquecía.—A provocarme delante de las niñas —susurró, baj

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