Compartir

¿TUYAS?... ¡NUESTRAS!
¿TUYAS?... ¡NUESTRAS!
Autor: Mary Ere

CAPÍTULO 1

Autor: Mary Ere
last update Fecha de publicación: 2024-11-02 00:47:23

—¿Sigues con la idea de adoptar? —preguntó Kenya, amiga de Estrella desde que ambas se conocieron al ingresar al bachillerato.

Estrella Bianco posó sus azules ojos en su gran amiga, pues esa pregunta había salido de, aparentemente, la nada; sin embargo, sí, esa continuaba siendo su idea. Ella, que había aprendido que el amor fraterno no se condicionaba por la sangre exactamente, y que no soportaba nada a los bebés, decidió que sería madre por adopción cuando se sintiera lista para ser mamá.

Pero, a sus veintisiete años y medio, ella aún no tenía la necesidad de cuidar y amar a alguien de manera incondicional, por eso continuaba soltera, por eso no había investigado sobre las adopciones y, por eso también, ni siquiera había dejado la casa de sus padres aún.

» ¿Quieres ser víctima del nepotismo? —preguntó Kenya luego de ver a la que consideraba su mejor amiga asintiendo—... No, víctima no, serías más bien beneficiaria.

—¿De qué estás hablando? —cuestionó Estrella, sonriendo, pues la última aclaración la había dicho tan rápido que sonó un poco gracioso.

—Tengo un par de niñas sufriendo en el albergue —informó Kenya Alvarado, trabajadora social de la ciudad donde ambas mujeres vivían—, son apenas dos días y pasé la noche en un hospital porque lloran tanto que tienen fiebre. Se acaban de quedar huérfanas, y no hay quien las reclame... es como si sus dos padres, que murieron en un accidente, hubieran salido de la nada. Sin parientes a la vista.

—¿Y quieres que las adopte? —preguntó la castaña de cabello y ojos claros, sintiendo una rara incomodidad nacer en el fondo de su estómago, incluso comenzaba a sentir náuseas.

—Por ahora, quisiera que fuera su hogar de acogida temporal, en lo que encontramos algún pariente o pasa el tiempo requerido para que ellas califiquen para una adopción —respondió la cuestionada—. No tenemos familias de acogida disponibles, y de verdad necesitan mucho más que el albergue para estar bien, ¿quieres probar un poco lo que es ser mamá adoptiva?

Estrella miró mal a su amiga, eso sonaba medio cruel, no solo para las niñas, sino para ella que, tal vez, al final no se quedaría con ellas, y eso le dolería si es que llegaba a amarlas como a sus hijas. 

» Amiga, estoy desesperada —declaró Kenya, revisando por cuarta vez su teléfono—, se sienten solas, necesitan mucha más atención de la que se les puede dar en un lugar lleno de otros niños, y yo tengo capacitación las próximas tres semanas, así que no las puedo llevar a mi casa, y no las quiero dejar en el albergue en esa condición. 

—¿Alguna vez alguien te ha dicho que eres una terrible trabajadora social? —preguntó Estrella, continuando con su comida—, ¿no se supone que no debes dejar que te afecten las condiciones de los niños a tu cargo? Te falta objetividad, ¿no?

—Tengo corazón de pollo —declaró una azabache bajita de cabello liso y corto—, aunque me toca fingir que no para que no me corran, pero, si te soy completamente sincera, me la paso buscando e inventando más y mejores soluciones para ellos, incluso en mi hora de comida. 

—¿Y qué tendría qué hacer para ser su hogar de acogida? —preguntó Estrella, medio emocionada por experimentar un poco de lo que en algunos años podría ser su futuro.

A tales palabras, la trabajadora social se emocionó demasiado, porque de verdad le estaba rompiendo el corazón la condición de ese par de gemelas que, al parecer, no tenían a nadie en el mundo para cuidar de ellas. 

» ¡Espera! —exclamó de pronto la castaña, asustándose un poco más por una posibilidad que cambiaría su "tal vez" por un rotundo "no"—. ¿Cuántos años tienen ellas? Porque, te advierto que si son bebés no las voy a cuidar.

Kenya, que se había quedado sin respirar cuando la expresión de su amiga se tensó, volvió a respirar aliviada. Estrella era su mejor amiga, no había forma de que no la conociera, así que, si ese par hubieran sido bebés, por supuesto que no le habría ofrecido nada, pero, tal como ella dijo—: ya tienen más de dos, y van al baño solitas.

—Entonces déjame pensarlo un poco —pidió Estrella que, por ese miedo que completaba sus emociones al respecto de la situación, no se atrevía a decirle que sí—. ¿Cuándo necesitas una respuesta?

—Mañana —respondió Kenya y la castaña le miró asombrada—, de preferencia temprano, para que podamos hacer todos los trámites antes de que me vaya. 

Estrella se talló las sienes con parsimonia, intentando calmar el dolor de cabeza cuando sintió la premura comenzar a pisarle los talones, y aun así no se atrevió a negarse porque, además de que le llamaba la atención, era un favor que le pedía alguien a quien apreciaba de verdad, y a quien le gustaba ayudar. 

—Bien —soltó la empresaria tras soplar el aire que estaba en sus pulmones—, lo meditaré con la almohada y mañana tempranito te digo si me animé. 

Kenya agradeció, y viendo la hora en su teléfono, que casi nunca dejaba de sonar cuando tenían niños nuevos en acogida, decidió terminar su media hora de comida y se despidió de su amiga deseando que su respuesta fuera un sí. 

**

—¿Qué piensas? —preguntó Estrella, tirada en la cama de su madre, mientras esta, que se recargaba a la cabecera de su cama, le acariciaba la cabeza con parsimonia.

—¿Qué piensas tú? —preguntó Rebecca, notando el evidente nerviosismo de su hija, a quien le sonrió para que pudiera recuperar un poco la calma que le estaba haciendo falta para tomar la mejor decisión. 

—Siento que es pronto —declaró la cuestionada y de nuevo sopló el aire que tenía en sus pulmones, intentando que se desapareciera la incomodidad de su estómago.

—Bueno —habló Rebecca, sonriéndole a su hija de una maliciosa manera—, un bebé ya no eres... además, la acogida es temporal, ¿o no?

—Eso también me preocupa —señaló Estrella luego de fulminar a su madre con la mirada por haber señalado su edad de tan mala manera—, ¿y si luego no quiero dejarlas ir y tengo que hacerlo?

—Entonces sabrás que estás lista para ser mamá de la manera en que decidiste hacerlo, ¿no crees? —cuestionó Rebecca y Estrella abrió los ojos enormes. 

Su madre tenía razón, ella no se sentía lista, así que estaba bien que fuera temporal, solo por probar y, tal como Rebecca decía, si al final sentía que extrañaría a ese par de niñas, eso simplemente significaría que estaba lista para la maternidad que alguna vez soñó, pero a la que no se atrevía a ponerle fecha. 

—Eres la mejor, mamá —aseguró la más joven, emocionada por la tremenda decisión que acababa de tomar, es de convertirse en el hogar de acogida de dos nenas que la estaban necesitando.

Estrella Bianco dejó la cama, tomó su teléfono y llamó a su amiga para informarle que aceptaría su propuesta y preguntar qué era lo que necesitaba, porque necesitaba prepararse mucho más que mentalmente, lo supo cuando su amiga le envió la lista de cosas por hacer y se arrepintió solo un poco de su decisión.

A ella le gustaba considerarse buena persona y hacer favores, pero no favores que requirieran un sacrificio de su parte, eso más bien le gustaba evitárselos.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • ¿TUYAS?... ¡NUESTRAS!   PARTE LXI

    —Se enojó y se fue sin decir nada —informó Rebecca a su mejor amiga, con quien hablaba de lo último sucedido en su vida—, y sin dejarme explicarle nada, también.—Supongo que se enojó muchísimo, entonces —dijo Blanca y la otra asintió—, pero ¿en serio no quieres casarte con él? Yo asumí que era lo que seguía entre ustedes luego de lo bien que se estaban llevando como novios.—No quiero casarme con nadie, nunca —repitió Rebecca algo que le hubiera dicho a Alessandro antes—, amiga, no creo que el matrimonio sea avanzar, creo que no hay necesidad de tener un papel con dos firmas como prueba de que nos amamos y de que queremos estar para siempre juntos... además, sería ridículo casarnos luego de divorciarnos, ¿no?—Dijiste que se divorció de tu hermana —recordó Blanca y Rebecca suspiró.—Legalmente no es así —dijo la castaña—, yo era Rebecca legalmente cuando nos divorciamos... Pero, no es el punto. En realidad, a mí no me importa lo que la gente diga, pero no quiero tener que pasar por e

  • ¿TUYAS?... ¡NUESTRAS!   PARTE LX

    —Ustedes están locos —soltó Alice luego de ver a su hermano despidiéndose de Rebecca el domingo por la tarde—, ¿por qué divorciarse si continúan tratándose como una pareja de tortolitos?Alessandro sonrió, definitivamente entendía que su hermana no entendiera, así que decidió contar la segunda parte de aquella historia que les comenzó a contar cuando tuvieron que refugiarse en casa de su abuelo cuando la hermana mayor de su esposa apareció a reclamar como suyo algo que no le pertenecía.—Bueno —dijo el hombre, terminando de abrochar su cinturón de seguridad—, Rebecca y yo no éramos esposos dentro de las paredes de nuestra casa, éramos casi desconocidos compartiendo techo, y antes de eso fue peor, porque cuando mi esposa “murió” —dijo haciendo comillas con los dedos de la mano que no sostenía el volante—, deseé por mucho tiempo que hubiera muerto esta Rebecca en lugar de la otra.—Pero si la otra era un monstruo —señaló Alice lo que más le hizo ruido del comentario de su hermano—, esta

  • ¿TUYAS?... ¡NUESTRAS!   PARTE LIX

    —Voy a ir al psicólogo —informó Rebecca a Alessandro una decisión que, en realidad, no le había costado tomar, porque ella desde siempre ella pensó que, en estos tiempos, en los que al fin la humanidad volteaba a ver las emociones y les daba cierta importancia, revisar periódicamente nuestra mente y corazón era indispensable.Sin embargo, a pesar de creerlo, aun había cosas que le hacían decidir que no lo necesitaba, que la invitaban a pensar que aún podía con todo, y por eso les daba prioridad a otras cosas; en los últimos años fue porque ser madre era en extremo demandante, y antes de eso porque su prioridad era trabajar para comer y trabajar para atender al idiota que la maltrataba.Pero ya era tiempo, necesitaba trabajar en sí misma, pues, tal como dijo Blanca en esa conversación medio rara en que mezclaban seriedad con bromas, ella ya ni siquiera era ella, ahora era quien sabe quién.Rebecca lo pensó, Blanca incluso dijo que ni siquiera sabía si debía tratarla de alguna manera di

  • ¿TUYAS?... ¡NUESTRAS!   PARTE LVIII

    —Eres idiota con mayúsculas y en negritas —declaró Blanca luego de encontrarse de nuevo con su amiga y de escuchar la última de sus aventuras—, y creo que además tiene un fondo fluorescente.Rebecca no se atrevió a negarlo, porque justamente había utilizado la palabra idiota para llamarse a sí misma cuando descubrió lo que había hecho.» ¿Y entonces? —preguntó la mejor amiga de Rebecca y la cuestionada solo suspiró.Ella no tenía la respuesta a esa pregunta, de otro modo no le habría comentado su última desventura a esa joven que sabía bien cómo hacerla sentir peor cuando ya se sentía lo suficientemente mal.—No sé —declaró la joven madre luego de mover ligeramente la cabeza en negativas un par de veces, eso mientras miraba del suelo al cielo, perdiendo su vista en la ventana—. No es como que algo más vaya a ocurrir; es decir, nosotros estamos divorciados ahora. ¿No se supone que un divorcio es el final?—Bueno —habló Manuel, que entraba sin anunciarse por una puerta que raramente est

  • ¿TUYAS?... ¡NUESTRAS!   PARTE LVII

    Alessandro pidió permiso de bañarse en lo que antes fue su habitación para poder ir a desayunar con sus hijos y dejar a esa mujer descansar, pues se notaba en extremo agobiada y se veía por todos lados lo mal que se sentía luego de semejante noche.Tras salir de la ducha, escuchando el agua correr en la regadera de su exesposa y al fin su mujer, Alessandro anunció que se iba y le pidió que se relajara, anunciando también que el domingo por la tarde regresaría con los niños y sería entonces cuando hablarían de todo lo que tuvieran que hablar.Rebecca respiró profundo intentando no devolver de nuevo el estómago, porque ya lo había hecho tres veces, así que estaba segura de que no quedaba mucho en su estómago, y no quería ver sus tripas saliendo por su boca.—Rebecca —dijo Alessandro y la chica se tragó sus intestinos por la sorpresa, pues luego de anunciar que se iba y cuando volvería, el padre de sus hijos hizo una pausa algo larga que hizo pensar a quien se bañaba que el otro ya se ha

  • ¿TUYAS?... ¡NUESTRAS!   PARTE LVI

    Las manos de ese hombre recorrían con delicadeza su piel, haciéndola estremecer en cada toque, y su mente estaba entre nubes, no sabía si era por el alcohol o por lo bien que se sentían ese par de dedos en su interior; los besos en su cuello la obligaban a cerrar los ojos, como si de esa manera se pudiera concentrar mucho mejor en la deliciosa sensación que le provocaba el hombre con el que se acostaba.¿Quién era? Ni siquiera le interesaba, todo lo que Rebecca quería era que le dieran mucho más de lo que ya estaba recibiendo, por eso tomó al hombre del rostro, lo encaró y se lo pidió. El sujeto la miró sorprendido, y sonrió ante la linda exigencia de esa mujer, así que se mordió los propios labios para no morder los de ella, no quería dejarla con marcas visibles que la pudieran incomodar después.Y es que incómoda se iba a sentir, definitivamente, porque ella estaba tan ebria que ni siquiera lo había reconocido, aunque Rebecca estaba completamente segura de que el hombre entre sus pi

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status