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Capítulo 4

作者: Bagel
La empujé con todas mis fuerzas.

Por instinto, llevé una mano hacia mi rostro para rascarme, pero el más mínimo roce provocó una oleada de dolor insoportable sobre mi piel.

—Cof... cof... Mi cara... ¿Qué era eso...?

Ronan salió corriendo del dormitorio y se quedó paralizado en cuanto me vio. Agarró a Clara de la muñeca y le habló con una furia cortante:

—¡Dijiste que solo ibas a cambiar su perfume! ¿Cómo pudo reaccionar así su cara? ¿Qué carajo intentabas hacer?

Clara se soltó de su agarre. Tenía el rostro enrojecido y los labios le temblaban.

—¡Yo... yo no sé! ¡Solo tomé una botella al azar! ¿Cómo iba a saber que es tan delicada? Además, hace unos días tú mismo te quejaste de que odiabas su aburrido perfume. ¡Prácticamente me diste permiso para hacerlo!

El químico agresivo hizo que mi cuerpo comenzara a temblar y mi piel se entumeciera. Mi tráquea se hinchaba rápidamente y cada respiración se sentía como si estuviera tragando cuchillas.

—Supuestamente estabas dispuesto a dejar que se disculpara conmigo... Ronan, ni siquiera mereces la dignidad de una ruptura sana.

Me apoyé contra la pared e intenté llegar al baño para lavarme la cara.

Pero apenas di dos pasos antes de que todo se volviera negro. Lo último que escuché antes de perder el conocimiento fue su voz aterrada llamándome por mi nombre, igual que seis años atrás, cuando me corté el dedo.

—¡Aurora! ¡Aurora, me estás asustando!

Cuando volví a abrir los ojos, ya había anochecido. El aire estaba impregnado del fuerte olor a alcohol médico.

El dolor de mi rostro y mi cuello seguía siendo tan intenso que me hacía desear la muerte.

Recordaba vagamente haber escuchado al médico decir, mientras me llevaban a la clínica, que había sufrido una grave reacción alérgica al químico.

La piel de mi mandíbula y mi mejilla derecha estaba llena de ampollas y muy inflamada. Necesitaría mucho tiempo y tratamiento para recuperarme por completo.

Mi débil jadeo alertó a Ronan, que estaba sentado entre las sombras.

—Aurora, por fin despertaste... Me asustaste muchísimo. El médico dijo que estuviste expuesta a una sustancia química muy ácida y sufriste un choque anafiláctico.

Se inclinó hacia mí y bajó la voz.

—Clara realmente quería disculparse. Sabes que ha sido consentida desde niña. Es arrogante, pero te aseguro que no lo hizo a propósito. No te vayas a hacer la difícil. Pídeme lo que quieras: joyas, un auto deportivo... lo que sea.

Lo miré.

Mientras se apresuraba a defenderla, ni una sola vez me preguntó si sentía dolor. Tampoco mencionó cuánto sufriría durante la recuperación.

Ni siquiera se le ocurrió pensar en lo doloroso que era soportar aquel ardor o lo difícil que sería enfrentarme a mi rostro hinchado.

Todo lo que decía era para librar de culpa a su querida amiga de la infancia. Su boca y su corazón estaban llenos de ella.

Las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas y provocaron un ardor insoportable al tocar la piel inflamada.

Pero, en aquel momento, ya no sabía qué me dolía más, si la piel o el corazón.

—No estoy enojada —me escuché decir—. Solo me arrepiento. Nunca debí aceptar ser tu novia aquella noche.

Se puso tenso. Abrió la boca para responder, pero su teléfono se iluminó sobre la mesa auxiliar.

Bajó la mirada. Por el rabillo del ojo, vi que era una llamada del Don de su familia.

Toda emoción desapareció de su rostro y fue reemplazada por aquella expresión tranquila y controlada que conocía tan bien.

—Voy a contestar afuera. Descansa. Volveré enseguida.

Salió rápidamente de la habitación. Observé su espalda mientras se alejaba y, reuniendo un valor que no sabía que poseía, aparté las sábanas, me quité la vía intravenosa y lo seguí descalza.

En un rincón oscuro del pasillo, lo vi junto a Clara, que estaba apoyada contra la pared fumando.

—Está bien, ya deja de fingir. Ya despertó. Cuando termine con su pequeño drama, todo volverá a estar bien. Ella siempre es así.

Clara expulsó un anillo de humo. En su rostro no había ni una pizca de culpa.

—¿Por qué no tolera un poquito de emoción? Me pregunto: ¿Qué pasaría si descubre que no la perseguiste por toda esa tontería del "amor a primera vista"? Que solo lo hiciste porque ese año perdiste conmigo una partida de Verdad o Reto.

Y que ese aniversario con el que está tan obsesionada solo era la fecha límite de nuestra apuesta.

Se volvería completamente loca si descubriera todo eso, ¿no crees?

La expresión de Ronan se endureció y le arrebató el cigarrillo de la mano.

—¡Cállate! ¡Será mejor que entierres esa historia y te la lleves a la tumba!

En ese instante, un fuerte estruendo llenó mis oídos.

No podía escuchar nada excepto un zumbido agudo y constante.

Me apoyé contra la pared. Las piernas me temblaban como si me estuvieran arrancando los huesos uno por uno. Apenas podía mantenerme en pie.

Todas las preguntas que habían permanecido atrapadas en mi corazón durante años finalmente tenían una respuesta.

¿Por qué decía amarme tanto y, aun así, permitía que Clara me hiciera daño una y otra vez?

Yo que pensaba que era un hombre leal y honorable, profundamente dedicado a su familia, creí que no más carecía del sentido de poner límites.

Nunca me atreví a imaginar que, desde el primer segundo en que nos conocimos, todo lo que me había dado era una mentira.

Incluso aquella noche que lo consideré mi salvador. Sus palabras "eres la única para mí", no fueron más que una ficha en una apuesta.

Resultó que, a sus ojos, nunca fui la mujer que Ronan amaba.

Solo era la payasa de su entretenimiento. Alguien que existía para divertirlos.

En ese momento, el amor propio y la dignidad que intenté conservar durante seis años quedaron hechos añicos.

Mordí con fuerza el dorso de mi mano para contener el sollozo que amenazaba con escapar de mi garganta. Tenía que salir de allí.

Alejarme de ese lugar, dejar atrás aquel mundo asfixiante y falso, abandonar todo lo que llevara su nombre o hubiera sido tocado por su influencia.

Mientras nadie miraba, salí por la puerta trasera de la clínica, regresé al hotel, recogí mi equipaje y fui directamente al aeropuerto.

Pagué una elevada tarifa para cambiar mi boleto al siguiente vuelo con destino a San Loro City.

Justo antes de pasar por el control de seguridad, la pantalla de mi teléfono se iluminó con un mensaje de Ronan.

"El médico dijo que necesitas permanecer en observación. No te me escapes. ¿Dónde estás? Iré a buscarte".

Observé aquel mensaje urgente. Una risa irónica escapó de mis labios mientras las lágrimas descendían por mis mejillas.

No respondí. Uno por uno, bloqueé y eliminé su número e información de contacto de todas las personas de su círculo.

Finalmente, me detuve frente al nombre con el que había guardado su contacto.

"Mi amor, Ronan".

Presioné "Eliminar".

La pantalla parpadeó y el nombre que definió mi vida los últimos seis años desapareció por completo.

El último llamado para abordar resonó por toda la terminal.

Tomé mi equipaje y entré al puente de embarque sin mirar atrás.

Ahora Ronan y Clara podían jugar a Verdad o Reto todo lo que quisieran.

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