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Capítulo 6

Author: Camila Rossi
Diego dijo: —Eres muy talentosa.

Valentina vio la profunda admiración en los ojos del hombre. Esa reacción estaba completamente dentro de sus expectativas.

El Grupo Empresarial Villarreal colaboraba con el laboratorio de Daniel, si el proyecto del Dr. Vega tenía éxito, la empresa, naturalmente, se beneficiaría.

En su regreso al país, Valentina quería convertirse en la figura clave para resolver la tecnología central y tenía la confianza de lograrlo.

Ya no era la época en que las mujeres ingenuas dominaban, no bastaba con cocinar unas comidas y actuar coqueta para conquistar el corazón de un hombre. Solo cuando una mujer tenía capacidades, un hombre se dignaba a mirarla.

Valentina quería ser una mujer con capacidades.

***

Sofía había estado ocupada toda la mañana, a media mañana fue al área de té a preparar café, aprovechando para traerle una taza a su compañera.

De repente, recibió una llamada de Ana. Ella era la secretaria de Diego.

La única conexión que Sofía tenía con ella era que en una ocasión le había preguntado sobre los horarios de Diego.

Sofía no quería tener contacto con nadie relacionado con Diego, pero Ana era una chica muy cariñosa, después de dudar un momento, aun así contestó su llamada.

—Sofía, ¿estás bien ahora? —La voz de Ana era muy baja.

—Estoy bien —respondió Sofía, sin saber por qué le preguntaba eso.

La voz de Ana estaba llena de preocupación.

—El señor Villarreal acaba de traer a una mujer a recorrer nuestra empresa, causó mucha conmoción, los ejecutivos ya la consideran la futura esposa del presidente... No sé si sabías de esto, así que te aviso, esa mujer se llama...

La voz de Ana se cortó abruptamente. Luego se escuchó un grito bajo lleno de terror.

—¡Nicolás, yo...!

Se había escondido en una esquina, ¡no esperaba que Nicolás apareciera por detrás!

Él le quitó el teléfono a Ana, lo miró, y arrugó la frente con fuerza.

—¿Vino otra vez a preguntarte sobre los horarios del señor Villarreal?

Ana vio al señor Villarreal detrás de Nicolás, junto con esa mujer llamada Valentina, y se quedó paralizada del susto, sin poder decir ni una palabra.

Nicolás sin esperar la respuesta de Ana, reportó con frialdad profesional. —Señor Villarreal, es Sofía, otra vez está preguntando por su horario.

Nicolás no colgó la llamada, no le importaba que Sofía escuchara.

Ella puso mala cara. No le importaba para nada la calumnia de Nicolás, quería colgar la llamada, pero la voz fría de Diego ya había llegado por el auricular.

—No le hagas caso.

Esa era la actitud que él siempre había tenido con ella. Sofía no se sorprendió.

Solo que él no se molestó en aclarar los hechos y la malentendió.

La Sofía del pasado habría querido explicar todo claramente, porque le daba mucho miedo que la malentendiera, y también que se enojara.

Pero el divorcio era el divorcio, ya no necesitaba considerar las emociones de Diego, y mucho menos indagar sobre noticias de él y Valentina.

Sin embargo, al momento, se escuchó la voz fría de Diego. —¡Mañana no vienes a trabajar!

Sofía se quedó aturdida, ¿iba a despedir a Ana?

Cierto, después de la primera vez que contactó a Ana, él ya había querido despedirla.

Sofía había rogado mucho por ella y Ana pudo seguir en el Grupo Empresarial Villarreal, pero él le había advertido que no habría una próxima vez.

Efectivamente, ya no había próxima vez. Diego ya no tendría ninguna consideración.

—Diego, no vale la pena enojarse tanto por una secretaria.

Esa... debía ser la voz de Valentina ¿verdad? Se escuchaba muy tierna. Como su nombre.

Valentina lo consoló: —¿Qué tal si yo invito a comer después, y ya no te enojas? Dámelo como un favor.

Después de dos segundos, él respondió: —Está bien.

El tono de Diego no era ni ligero ni pesado. Comparado con la frialdad anterior, ya era mucho más tierno.

Valentina se rio suavemente. —Entonces, vámonos.

Después ya no se escucharon más las voces de Diego y Valentina.

Sofía se burló de sí misma con amargura, sintiendo el corazón lleno de tristeza. Siempre había pensado que Diego era muy difícil de calmar, porque en el pasado tenía que consolarlo por varios días antes de que le diera una buena cara.

Ese proceso para Sofía era una tortura psicológica, no podía comer, pasaba noches sin dormir, mientras Diego no se calmara, no podía concentrarse en hacer otras cosas.

Pero con Valentina, una sola frase era suficiente, era tan fácil.

Nicolás miró el teléfono en llamada, sabiendo que Sofía había escuchado todo.

A ella no le gustaba causar problemas a otros, que Ana fuera despedida por su culpa la haría sentir culpable y consumida.

Aunque el castigo recaía en Ana, para Sofía era un castigo psicológico. Solo así, la próxima vez, no haría movidas a escondidas.

La culpa era de Sofía por siempre andar investigando los horarios del señor Villarreal. Si todo lo que hacía tenía que ser vigilado por una mujer, él poniéndose en el lugar del señor Villarreal, se sentiría asfixiado.

Nicolás hizo una seña, la secretaria en jefe que esperaba a un lado se acercó.

La secretaria en jefe dijo: —El asunto de la renuncia se arreglará hoy.

Nicolás respondió con frialdad "sí" y se fue.

El miércoles era el cumpleaños de Valentina, según las instrucciones del señor Villarreal, tenía que ir a reservar el restaurante Estelar en la Bahía y hablar con el dueño sobre preparar una sorpresa de cumpleaños para Valentina.

Estaba muy ocupado, no tenía tiempo para vigilar la renuncia de una secretaria.

La secretaria en jefe tomó el teléfono que Nicolás le dio, se preparaba para devolvérselo a Ana, pero sin querer vio en la pantalla: Sofía.

Inmediatamente, arrugó la frente, le tomó unos segundos recordar quién era esa persona, al final, dijo con tono de reproche: —Tú también eres lo suficientemente tonta, ella no es más que la empleada doméstica que le lleva los almuerzos al señor Villarreal, ¿valía la pena hacer enojar al señor Villarreal por ella?

Ana había sido descubierta personalmente por el presidente, estaba completamente en shock, hasta ahora se atrevía a hablar, pero seguía temblando.

—Ella... ella no es empleada doméstica, es la esposa del presidente...

—¿Tienes ojos? ¿No viste que ya hasta traen anillos de pareja? La señorita Herrera es la futura esposa del presidente, eso es indiscutible.

—No es...

—¡Ya no digas nada, ve rápido a hacer la entrega de tu trabajo!

Ana no se atrevió a decir más, tomó su teléfono en silencio.

Cuando se fue la secretaria en jefe, miró hacia abajo y ¿aún estaba en llamada?

Se sobresaltó. —¡Sofía, ¿estás bien?! ¡Lo que acaba de pasar, no escuchaste nada ¿verdad?!

Ana esperaba que ella no hubiera escuchado, pero eso era imposible.

—No les hagas caso, tú no eres ninguna empleada doméstica... perdón, de verdad, perdón...

Diego mantenía en secreto su matrimonio, y no le permitía ir a su oficina.

Cada vez que Sofía llevaba la lonchera, las secretarias hacían el intercambio, ser confundida con la empleada doméstica no era injusto.

A Sofía no le importaba esto, solo que no esperaba que Diego, que casi nunca usaba su anillo de bodas, usara anillos de pareja con Valentina.

Las manos de Diego eran muy hermosas, sus dedos eran largos, y tenía unos huesos bien definidos; delicadas, pero llenas de fuerza, su dedo anular con un anillo de diamante tendría un encanto indescriptible.

Siempre que tenía oportunidad, Sofía se le quedaba mirando por mucho tiempo, pero las veces que Diego usaba su anillo de bodas se podían contar con los dedos.

Siempre había pensado que a él no le gustaba la sensación de restricción que daban las joyas, resultó que había pensado de más, simplemente no quería usarlo.

Sofía le dijo: —Perdón, ahora no puedo ayudarte a recuperar tu trabajo.

Aunque Ana solo había tratado con Sofía una vez, podía sentir que era muy buena persona.

Que el señor Villarreal estuviera tan pendiente de otra mujer como nunca antes… No se sentía tranquila, por eso llamó para avisarle a Sofía, esperando que se mantuviera alerta.

Pero lo arruinó todo. Ana se sintió muy culpable.

—No pasa nada, no pasa nada, antes ya te había dicho que planeaba regresar a casa a ayudar a mis papás. Ser despedida no es gran cosa para mí, ¡ya había escrito la mitad de mi carta de renuncia!

Su tono no parecía de consuelo, Sofía se sintió aliviada.

Después, la voz de Ana se volvió más baja: —Pero ¿por qué? Tú eres la esposa del señor Villarreal, ¿por qué él te trata así...?

El señor Villarreal ni siquiera dejaba que Sofía fuera a su oficina, pero Valentina podía entrar cuando quisiera, ¿con qué derecho?

Aunque el señor Villarreal quisiera mantener en secreto su matrimonio, con explicar que era una familiar o amiga hubiera sido suficiente, nadie habría pensado de más.

Además, la lonchera era preparada con esfuerzo por Sofía, llevada durante el descanso de su almuerzo, y aun así la rechazaba en la puerta, ¡lo que hacía el señor Villarreal era realmente muy desagradable!

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Mga Comments (3)
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Spica World SL
Es triste la imagen que siempre dan de una mujer, servil, enamorada profundamente y que es continuamente despreciada. Mujer sumisa capaz de dejar de lado su genialidad académica, pero..... para que? Pintan este papel penoso , que no es creíble en la realidad social actual
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Imelda Aguirre
mmm a qué secreee no debiste hablar
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Rufina
Claro Valentina podía ser una mujer que no se dedicara a la casa, pero Sofía si. Ésta novela se cae de una doble moral. Además de ser extremadamente larga y para colmo espero qué no se quede con ese imbécil de Diego. Sabes lo que es perder un hijo y el te diga que no le importa?
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