La luz tenue del amanecer comenzó a filtrar entre los ventanales altos de la catedral, tiñendo el suelo de baldosas de un tono violáceo. Cuando Nagel salió del templo, la llovizna torrencial se había reducido a un leve rocío que flotaba en el aire fresco de Areguá. Sus botas produjeron nuevamente ese impacto pesado contra la vereda —tock, tock, tock—, pero esta vez el sonido no evocaba duda ni fatalismo. Era el paso cansado, pero firme, de un sobreviviente.En el vehículo policial, Matías permanecía despierto, apoyado sobre el volante con los ojos inyectados en sangre por el cansancio. Al escuchar la puerta del acompañante abrirse, dio un salto instintivo, llevando la mano al fondillo del arma antes de reconocer al veterano.—A la comisaría central —ordenó Nagel, dejándose caer sobre el asiento gastado y cerrando la puerta con un golpe seco.El viaje de regreso por la ruta que conectaba Areguá con el departamento Central se dio en un silencio denso, apenas interrumpido por el ronroneo
Última actualización : 2026-09-04 Leer más