Helene se puso de pie como un rayo, y a pesar de haber dormido profundamente todo el viaje, se sintió cansada y mareada mientras corría hacia la cabina y cuando llegó allí tomó el teléfono y llamó a Toro. — Dime que es mentira — le preguntó al hombre apenas contestó y lo escuchó suspirar al otro lado. — No, estamos todos aquí, Brenda está esperando, pero no vemos a Itsac — Helene apretó con fuerza al volante del avión, con rabia — cada día me sorprendes más, ¿El rey rojo? — Helene se tragó el nudo de rabia que tenía en el pecho. — En mi defensa, ni sabía que existía hasta que llegué a Italia, pero, ¿qué haremos? — Toro suspiró de nuevo, se notaba un poco calmado y eso calmó a Helene. — Lo deben tener en alguna parte, ya no tienen salida, sólo esperamos que ustedes lleguen para que salga de su escondite y luego la someteremos, tendrán que decirnos dónde está nuestro muchacho. — ¿Y la bodega? — preguntó Helene, aunque ya sabía la respuesta. — Nada, fue el primer lugar que revisé d
Última actualización : 2023-12-29 Leer más