Aquella noche, Brany se despertó sola en la cama. El reloj marcaba las tres de la madrugada, y la luna se filtraba a través de las cortinas, dibujando sombras plateadas en las paredes. Andrey no estaba a su lado, y un escalofrío le recorrió la espalda.Se levantó en silencio, envuelta en la bata de seda que él le había regalado en Venecia. El apartamento estaba en penumbra, pero una luz tenue se filtraba desde el salón. Caminó descalza por el suelo de madera, sintiendo el frío en las plantas de los pies, y se detuvo en el umbral de la puerta.Andrey estaba sentado en el sofá, con una botella de vodka casi vacía en la mano y la mirada perdida en la chimenea apagada. Tenía el rostro pálido, los ojos enrojecidos, y una expresión que Brany nunca le había visto: la de un hombre roto, derrotado, que había estado rememorando fantasmas que creía enterrados.—Andrey —dijo, en voz baja—. ¿Qué pasa?Él levantó la vista, y por un momento, pareció no reconocerla. Luego, parpadeó, y algo en su mira
Última atualização : 2026-08-09 Ler mais