Valeria no se movió. El hombre del traje gris llegó hasta el borde del malecón y se detuvo a unos metros de la lonja, con la mano todavía dentro del bolsillo. Samuel, en el asiento trasero del otro coche, levantó la cabeza. Tenía las muñecas atadas con cinta de embalar y un corte seco en la ceja, pero sus ojos estaban despiertos y fijos en ella.—Valeria, no te acerques —gritó—. Ese tipo tiene un arma.Vyan bajó del coche plateado y caminó hacia ellos con las manos abiertas.—Tranquilo, Samuel. Nadie va a disparar hoy.—Ya lo dijiste ayer —respondió su hermano—. Y mira cómo acabé.Leonardo dio un paso al frente, pero Valeria le puso la mano en el pecho antes de que pudiera seguir.—Dime qué está pasando —dijo, sin apartar la vista de Samuel.Vyan se detuvo junto al coche y se volvió hacia Leonardo con una expresión que Valeria no le había visto nunca. No había burla ni cansancio, solo una especie de dolor contenido.—Díselo tú —dijo Vyan—. Es tu foto.El silencio cayó sobre el malecón
Huling Na-update : 2026-11-05 Magbasa pa