Cuando el coche se detuvo frente al edificio de Grupo Delcourt, Catalina contuvo la respiración, sintiendo cómo el pasado y el presente se entrelazaban como hebras de una misma historia, imposibles de separar. Ahí estaba. Su empresa. Suya al fin. La fachada de piedra blanca seguía en pie, imponente y majestuosa, como un guardián del legado que su familia construyó con esfuerzo y visión. El emblema familiar resplandecía en lo alto, intacto, como si la esperara paciente, casi orgulloso. Y aquellas puertas, las mismas por las que alguna vez entró de niña, tomada de la mano de su padre, llevando una lonchera con dibujos y un lazo azul en el cabello, ahora se abrían para recibirla de nuevo, no como heredera, sino como sobreviviente. Como una mujer que había caído al abismo y regresado con los pies firmes en la tierra. —Vamos —susurró Julián, mientras sus
Última atualização : 2025-10-31 Ler mais