La habitación 412 había adoptado una quietud engañosa en la mañana del viernes. Cassandra había aprendido a desconfiar de estos momentos de calma —generalmente precedían alguna nueva invasión médica, alguna evaluación adicional, algún recordatorio clínico de que su cuerpo ya no le pertenecía completamente. Pero esta mañana, el silencio tenía una cualidad diferente. Más pesada. Más ominosa.El monitor fetal emitía su pitido constante junto a la cama, ese sonido que se había convertido en la banda sonora de su confinamiento. Semana veinte. Exactamente a mitad del camino. Veinte semanas atrás, había estado en el apartamento del piso ocho, todavía móvil, todavía capaz de controlar al menos algunos aspectos de su existencia. Veinte semanas por delante se extendían como un horizonte infinito de sábanas b
Última atualização : 2026-02-13 Ler mais