La habitación 412 había adquirido un silencio particular en las horas posteriores a la crisis de preeclampsia. No era el silencio estéril del hospital —ese nunca desaparecía realmente, con sus pitidos constantes y pasos apresurados en el pasillo— sino algo más denso, más cargado. Cassandra yacía en la cama con los ojos fijos en el techo, contando las manchas en las placas acústicas por enésima vez, cuando la puerta se abrió con un clic suave.No era la enfermera Martínez con su rutina mecánica de las 9:00 AM. Era Fischer, con su tablet bajo el brazo y esa expresión clínica que Cassandra había aprendido a asociar con malas noticias disfrazadas de procedimientos corporativos.—Buenos días, Dra. Blackwood —saludó con la formalidad de siempre—. Confío en que se encuentra más estable.—Tan estable com
Última atualização : 2026-02-10 Ler mais