La oscuridad se disipó lentamente, reemplazada por un dolor punzante en las sienes y un sabor metálico y dulce en la lengua. Elisabetta parpadeó, luchando contra la náusea que le revolvía el estómago. No estaba atada, pero sus extremidades se sentían pesadas, como si estuvieran hechas de plomo. Estaba recostada en un sofá de terciopelo raído, en una habitación pequeña y polvorienta llena de espejos cubiertos con sábanas y percheros vacíos. Un antiguo camerino, olvidado por el tiempo. El sonido de la ópera llegaba hasta allí, pero amortiguado, distante, como un lamento fantasmal que se filtraba por las paredes. —Bienvenida de vuelta, bella. La voz suave la hizo incorporarse de golpe, aunque el movimiento le provocó un mareo intenso. Francesco estaba de pie junto a un tocador viejo, observándola. Ya no llevaba la máscara. Su rostro, iluminado por una bombilla desnuda que colgaba del techo, era atractivo de una manera aristocrática y severa, pero sus ojos estaban muertos. Eran los
Última atualização : 2025-12-27 Ler mais