—Sí, mamá, estoy comiendo bien. Lo prometo. —Recuerda dormir a tus horas, cariño —siguió su madre, con las mismas indicaciones de siempre—. No es bueno para la salud trasnocharse. —Ajá, sí… ¡Oh, sí! —gimió tapándose rápidamente la boca. ¡Maldito Marcos! Lo miró horrorizada. —¿Qué pasa, Aitara? —la voz de su madre se tornó más seria. —Nada, mamá. Debo irme. Hablamos mañana, tengo que estudiar para un examen —colgó la llamada agitada, mientras le lanzaba una patada al hombre que tenía la cabeza metida entre sus piernas—. ¡Estás loco! ¡Casi me descubre por tu culpa! —Pero no lo hizo —sonrió él aparentando inocencia. —Quién sabe —se puso una almohada en la cara sin poder soportar la vergüenza. —¿Seguimos? ¿O tienes tanta pena que ya no puedes gemir? —No te atrevas a parar luego de lo que me hiciste pasar, imbécil —le lanzó la almohada y él se rió con más ganas. Se veía bien así, con el cabello un poco desordenado y con los ojos brillantes; pero no solo brillaban por la
Última actualización : 2026-03-04 Leer más