Parece que, en medio de la euforia por haberla tenido por fin entre mis brazos, olvidé el detalle: ella todavía tenía cabos sueltos que atar.¿Qué puedo decir? Mi rostro debió de ser un mapa de emociones conflictivas: confusión, alarma y, de fondo, rabia. Permanecí estático, como un imbécil, asimilando que ella debía volver a verlo.Isabela, al ver la falta de reacción de mi parte, se levantó de la silla, yendo hacia la cómoda del pasillo, abrió la gaveta y sacó de allí una carpeta de manila. Regresó a mi lado en la barra de la cocina. —Mira, el viernes el abogado me trajo el acuerdo —explicó tranquilamente, buscando mis ojos—. Le di toda la información hace un par de semanas.Analicé el papel sobre el cuarzo.—Ocupo que Nicolás firme. De ese modo entregaré esto al abogado y así el matrimonio quedará disuelto.Asentí, forzándome a relajar los hombros. —Entiendo… ¿Y vas sola? —Sí.—Entonces te acompaño —advertí, sonando inevitablemente como una orden.Isabela ladeó la cabeza y una neg
Last Updated : 2025-11-17 Read more