—¿De qué te sirvió correr? —dijo, demasiado cerca—. Si al final eso solo te trajo de vuelta a mí.El aire se me quedó atrapado en los pulmones. Intenté retroceder, crear aunque fuera un poco de distancia entre los dos, pero era inútil. Adrian colocó ambas manos a cada lado de mi cuerpo, apoyándolas contra la pared. Sabía exactamente cómo hacerte sentir atrapada. Y lo estaba logrando.—No pienso causar problemas, señor Volkov —aseguré, obligándome a mantener la voz firme—. Lo que pasó fue un accidente.Se rió.No era una risa ligera ni casual. Era dura, seca, cortante, como si el sonido mismo quisiera marcarme, resonando en mi pecho y haciendo vibrar cada fibra de mi cuerpo. Me estremecí, incapaz de apartar la sensación de que aquel eco invisible me había golpeado.—Ya los causaste —replicó—. Hubieras pensado en eso antes de meterte en mi coche y, por si fuera poco, atacarme. Podría mandarte a la cárcel por eso. ¿Lo sabías?La palabra cárcel me paralizó.No por el encierro en sí, sino
Última actualización : 2025-12-24 Leer más