POV. AdrianEl trayecto hasta la casa de la costa transcurrió en una calma casi sagrada. Dentro del coche, el mundo exterior dejó de existir. No había ni rastro de las sirenas, ni del olor a quemado, ni del eco de la violencia. Solo estábamos nosotros dos, el suave zumbido del motor y el peso reconfortante de la mano de Amelia en la mía. Cada poco minuto, la apretaba, no por miedo, sino como un recordatorio, una comprobación tangible de que estaba a salvo. Cada vez, ella me devolvía el gesto, un pacto mudo que sellaba nuestra nueva realidad.La casa de la costa apareció entre los árboles, un faro de luz y calidez en la oscuridad de la noche. Aparqué en el camino de grava y el motor se apagó, dejando una quietud profunda, casi irreal. Nos quedamos allí un momento, sin movernos, contemplando las luces cálidas que se filtraban por las ventanas, como si cruzar ese umbral significara, por fin, volver a empezar.—¿Lista? —pregunté, mi voz era un susurro.Ella asintió, sus ojos fijos en la p
Última atualização : 2026-04-15 Ler mais