El aire del sur me envolvió como una marea tibia. En Chicago todavía estaría enterrada bajo un abrigo grueso; aquí, en Miami, salí del aeropuerto con apenas una camiseta. La diferencia era tan brusca que casi me mareó.Mis padres me esperaban, sonrientes. Y junto a ellos estaba un hombre al que solo conocía por las revistas de negocios.Julian Monroe.Si Adrián era el tipo de poder que respiraba en la oscuridad, Julian era todo lo contrario: el heredero dorado, el ejemplo perfecto, el nombre que las madres pronunciaban con orgullo y los periódicos con admiración.Mi prometido.Mis padres incluso prepararon un coche aparte para nosotros dos, con la excusa de que “habláramos”. Después de tantos años con Adrián —amándolo, esperándolo, creyendo en una boda que nunca llegó—, conocer de golpe a un extraño y aceptar un matrimonio inmediato debería haberme resultado aterrador.Y sin embargo… mi corazón no se resistía. Latía en silencio, como si hubiera decidido rendirse al destino.Bajé la voz
続きを読む