El aire en la Plaza de los Olmos se volvió estático, cargado de una tensión que superaba la violencia física de los matones de Silas Pierce. Lauren, con la porra aún apretada en su mano y el cabello alborotado por el forcejeo, sostuvo la mirada de Alexander. Él estaba allí, impecable en su traje de tres mil dólares, como una aparición de un mundo al que ella ya no pertenecía.—No necesito que me salves, Alexander —escupió ella, aunque su respiración era errática—. Ya hiciste suficiente dejándome en la calle.Alexander no respondió con palabras. Hizo una sutil seña con la mano y, de las sombras de la plaza, surgieron cuatro hombres de su seguridad privada que redujeron a los matones de Pierce en cuestión de segundos. El silencio regresó, roto solo por el murmullo de los curiosos que se dispersaban.—No te estoy salvando, Lauren —dijo él, acercándose hasta que el aroma a madera y tabaco de su perfume la envolvió—. Te estoy recuperando. Dijiste que no tenías nada que perder. Te equivocas
Última atualização : 2026-01-13 Ler mais