Mía LombardiLa luz de la mañana en Nueva York se filtraba a través de los ventanales del penthouse, bañando la habitación en un tono dorado que, por un momento, me hizo creer que la paz era posible. Me desperté sintiendo el peso reconfortante del brazo de Alan rodeando mi cintura. Me quedé inmóvil, escuchando su respiración acompasada, disfrutando de ese pequeño oasis de calma antes de que el mundo exterior reclamara su cuota de caos.Hoy era el día. El plazo de veinticuatro horas que le había dado a Mariana terminaba hoy, y yo no pensaba retroceder ni un milímetro.Me levanté con cuidado de no despertarlo, pero en cuanto mis pies tocaron el suelo, escuché su voz profunda, todavía ronca por el sueño.—¿A dónde vas tan temprano, nena? —Alan se incorporó, apoyándose en sus codos, con el cabello revuelto y esa mirada protectora que nunca lo abandonaba.—Tengo una cita con el pasado, Alan —dije, acercándome a la cama para darle un beso rápido—. El abogado me espera a las diez en la
Última actualización : 2026-06-01 Leer más