El tiempo se detuvo. La música siguió sonando, pero yo solo podía escuchar el latido atronador de mi propio corazón.—Bájate. Ahora.Esa voz. Fría como un glaciar, cargada de una furia que atravesó la niebla del alcohol como un cuchillo al rojo vivo.Abrí los ojos. Dominic estaba allí, de pie frente a la barra, con la mandíbula tan apretada que parecía que iba a romperse. No llevaba traje, solo una camisa negra con los primeros botones abiertos, pero su aura de peligro era diez veces mayor que en el taller. Sus ojos no eran café; eran dos pozos de alquitrán hirviendo.—Vaya, la Gárgola ha salido de su castillo —balbuceé, intentando zafarme, pero su agarre solo se hizo más firme—. Suéltame, Blackwood. Estoy trabajando en mi "alma", ¿no ves?—He dicho que te bajes —repitió, su voz bajando a un susurro que me hizo estremecer. No era una petición. Era una orden de alguien que estaba a un segundo de quemar el lugar entero.—¿Y si no quiero? —le desafié, inclinándome hacia él desde la altur
Última atualização : 2026-01-11 Ler mais