Me pareció interesante.Gabriel, claramente un perro de servicio bien entrenado, era repetidamente provocado por el tranquilo Mateo hasta mostrar sus instintos primarios.Mateo no se molestó. Esbozó una leve sonrisa.—Solo quería traerle una chaqueta a la dueña.Se acercó unos pasos y Gabriel, naturalmente, se apartó.Mateo me puso la chaqueta con suavidad y miró a Gabriel.—Pueden continuar.Gabriel no se contuvo.—Dueña, ¿puedo quedarme contigo esta noche? Yo también aprendí todo eso de forma sistemática. Sé cómo hacerte sentir bien, seguro seré mejor que él.—¿Ah, sí? —arqué una ceja.La cola de Gabriel se movía frenéticamente.—Es verdad, dueña. ¿Me dejas compensarte?La expresión de Mateo no cambió.Solo que su mano, caída a un costado, se apretó con fuerza.—Mejor no. Al recordar que besaste a Laura, me quitan las ganas. Buenas noches, Gabriel.Mateo me siguió de vuelta al dormitorio.Me quité la chaqueta y lo miré.—¿Celoso?Él bajó la vista, tomando la chaqueta.—No. Eres extra
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