Laura no fue tan tonta como para venir a negociar conmigo en serio.Gabriel aún no se había calmado.Antes, durante las comidas, aunque a regañadientes, se sentaba a mi lado.Esta vez, fue directamente a sentarse junto a Laura.Como si Laura no pudiera valerse por sí misma, la atendió, dándole de comer bocado a bocado.Yo, con cuidado, le quité el bozal a Mateo, revelando sus rasgos delicados y fríos.No solo Laura, sino hasta mis padres se quedaron boquiabiertos.—Gracias.Mateo dudó un momento, e imitando a Gabriel, me sirvió comida en el plato.—Copia barata —le escupió Gabriel—. A Clara no le gusta la berenjena.Arqueé una ceja.Cuando se sentaba a mi lado, nunca me servía comida.Y sin embargo, había memorizado mis preferencias.—Lo recordaré para la próxima —dijo Mateo, apretando un poco más el tenedor.Entonces, con un crujido metálico, deformó el tenedor.El aire se volvió silencioso.La fuerza en las manos de Mateo era realmente considerable.Por eso, cada vez que me tocaba, c
Read more