El sábado era, sin duda, el mejor día de la semana.Viola lo había convertido en una regla sagrada. Nadie, absolutamente nadie, podía molestarla los sábados por la noche. Ni Paul, ni los abogados, ni los socios, ni los amantes ocasionales que no estuvieran previamente autorizados. Era su día. El único en el que podía apagar el mundo y quedarse solo con el cuerpo.Estaba en la suite presidencial del Mandarin Oriental New York, en el piso más alto, con las cortinas abiertas hacia el skyline que brillaba como un collar de diamantes fríos. La cama king-size estaba revuelta. Ella yacía en el centro, las piernas abiertas, el cuerpo completamente desnudo y relajado. Un hombre joven —veintitantos, cuerpo de nadador, cabello oscuro— tenía la cara enterrada entre sus muslos, la lengua lenta y experta lamiendo su coño con dedicación. Otro, rubio y de mandíbula marcada, estaba a su lado, chupándole un pecho con fuerza mientras amasaba el otro con la mano libre.Viola sonreía con los ojos cerrados
Última atualização : 2026-08-07 Ler mais