La decisión de la sangreEl sonido de las sirenas cortaba la quietud del pueblo como un lamento fúnebre. Alexander frenó su auto en seco, dejando una estela de humo y grava, justo cuando los paramédicos terminaban de asegurar la camilla de Elena. Al verla, el corazón de Alexander se detuvo: ella estaba pálida, con los labios azulados y el rostro empapado en un sudor gélido. La mancha de sangre en sus sábanas blancas era una sentencia de muerte.—¡Elena! —gritó Alexander, apartando a uno de los enfermeros para llegar a ella.—Señor, no puede estar aquí, ¡tenemos que salir ya! —le advirtió un paramédico.—¡No me voy a separar de ella! —rugió Alexander con una autoridad que no admitía réplicas.Sin esperar permiso, saltó al interior de la ambulancia. Se sentó en el estrecho espacio lateral y tomó la mano de Elena; estaba helada, sin vida. La apretó contra su pecho, sintiendo el débil y errático pulso de la mujer que, en su ceguera, casi había destruido.—Por favor... —susurró Alexander,
Última actualización : 2026-02-13 Leer más