Capítulo 109Adalberto llevó a Rosa en brazos con cuidado, sintiendo su ligero peso contra su ancho pecho. La lluvia caía con fuerza, empapándolos a ambos mientras caminaba rápidamente de regreso al interior de la casa. En cuanto cruzó la puerta, la cerró con el pie, aislándolos de la tormenta de afuera.El camisón blanco de Rosa estaba completamente mojado, pegado al cuerpo como una segunda piel. La tela fina y transparente revelaba cada curva, cada detalle. Sus abundantes pechos subían y bajaban con su respiración irregular, y los pezones rosados, turgentes por el frío y la lluvia, marcaban la tela de una forma casi obscena. Adalberto tragó saliva, sintiendo que un calor le subía por la nuca.«Joder… no es momento para esto», pensó, luchando contra sí mismo.La llevó hasta el sofá de la sala y la sentó con cuidado. Rosa estaba temblando, con el cabello oscuro pegado al rostro y al cuello. Sus ojos castaños parecían perdidos, vacíos de cualquier luz. Había una profunda tristeza en el
Última actualización : 2026-09-11 Leer más