En la pantalla del video, Pedro vestía ropa holgada y cómoda, típica de quien estaba en casa, y mantenía la cabeza baja, totalmente concentrado en la preparación de una sopa. La cámara tembló levemente antes de captar la voz dulce y caprichosa de Renata al fondo:—Pedro, ¿no dijiste que ibas a acompañar a Liliana hoy? Si viniste para acá, ¿cómo va a quedarse ella sola? —preguntó ella.Sin siquiera levantar la mirada de la olla, Pedro respondió con indiferencia:—Si se cansa de esperar, volverá a casa sola, no te preocupes.Después de una breve pausa, completó, justificando su ausencia con un tono desdeñoso:—Liliana tiene una personalidad muy fuerte, nadie logra intimidarla, así que mi presencia allá no hace ninguna diferencia. En cambio tú, que tienes la salud frágil, vives corriendo por ahí sin cuidado y me necesitas.La grabación se interrumpió abruptamente en aquel punto, pero las manos de Liliana, que sostenían el celular, continuaban temblando de forma incontrolable. Había aguard
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