Amelia abrió el grifo y dejó que el agua fría refrescara su cara, sintiendo cómo el impacto del líquido ayudaba a disipar la bruma de nervios. Por suerte, el maquillaje profesional que Alessandra había insistido en aplicar era a prueba de agua. Con movimientos lentos y calculados, tomó una toalla de papel para secar el exceso de agua de su piel y luego sacó un labial de su bolso de mano. Alessandra le había enseñado a usarlo con precisión esa misma tarde, así que, con una delicadeza que ocultaba su agitación interna, comenzó a pasarlo por su boca, definiendo sus labios carnosos frente al espejo. Mientras lo hacía, sintió a través del reflejo cómo Ginevra se acercaba a ella con pasos pesados que resonaban en el mármol. La rubia se cruzó de brazos a pocos centímetros de Amelia, invadiendo su espacio personal, y comenzó a aplaudir con una lentitud cargada de burla y veneno. —Vaya, vaya, hasta que por fin sacas lo que realmente eres. Una golfa barata y patética que necesita disfrazarse pa
Última actualización : 2026-03-05 Leer más