Al día siguiente, llevé el nuevo formulario de solicitud a la escuela para que lo sellaran.Al ver ese sello rojo brillante que marcaba mi partida estamparse con firmeza sobre el papel, sentí un vacío repentino en el corazón por un momento.Me quedé allí aturdido, hasta que alguien se plantó frente a mí.Lena frunció ligeramente el ceño.—¿Cambiaste la contraseña de tu puerta? Ayer, después de acompañar a Michael a su casa, fui a buscarte, pero la puerta no abría...La interrumpí y dije con sencillez: —Sí, la cambié.Se veía un poco disgustada y preguntó, como si nada hubiera pasado y todavía fuéramos cercanos: —¿Cuál es la nueva contraseña? Así podré ir a cuidarte a tu casa.Respondí con calma: —No es necesario. Después del traslado, ya no viviré allí.Lena miró el formulario de solicitud doblado en mi mano, como si de pronto lo recordara.—Lo olvidé —dijo—. No te preocupes, Harry. Vendré a que lo sellen mañana.Los momentos como este, caminando y charlando con Lena, se habían vuel
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