Iván, cuando se pone nervioso, sí que tartamudea.—Ya entendí —le dije, riéndome—. Mañana me pongo mi ropa favorita. No le des tantas vueltas; yo tampoco le doy tantas vueltas.***A la mañana siguiente, abrí el clóset.Y al ver que la mitad del clóset era ropa que Iván me había regalado, me llevé la mano a la frente y se me escapó una sonrisa amarga.¿Cuál le gustaría más? Me acordé de su cara cada vez que me daba un regalo, y no pude sacar nada en claro. Porque él no parecía preocuparse por lo que le gustaba, sino solo por si yo iba a amarlo o no.Tres horas después, por fin me decidí: un vestido azul claro, elegante, con los hombros al descubierto. Perfecto para combinar con el Corazón del Océano.Iván quería pasar por mí, pero le dije que no. Quería llegar sola y darle una sorpresa; quería que me viera y lo entendiera sin palabras: que me gustaba su regalo, que me gustaban todos, y que yo también sabía devolverle el gesto.Solo que no esperaba toparme con Pablo antes de llegar. Ape
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