LOGINMi novio, Pablo Pimentel, es el heredero de la familia más poderosa de la capital. Su fortuna supera los cien mil millones de dólares. Para ponerme a prueba, durante siete años de relación, nunca me regaló nada, nunca gastó un solo centavo en mí. Ni siquiera cuando iba a comprar condones: insistía en pagar mitad y mitad. Después, mi madre se enfermó de gravedad. Les pedí dinero a todos los familiares y amigos que pude. Solo me faltaban dos mil dólares para cubrir el costo de la cirugía. Le supliqué, le rogué. Pero Pablo no me prestó ni un dólar. Tuve que pagar yo sola los gastos del funeral de mi madre. Cuando regresé a casa para recoger mis cosas, encontré por casualidad una lista de regalos que le había comprado a Sara García: una villa de lujo, bolsos de marcas exclusivas, joyas valoradas en cientos de millones de dólares… También vi los audios en el grupo con sus amigos: "Pablo, ¿es cierto que Leticia se arrodilló para pedirte dos mil dólares?" Pablo se rió con frialdad, su voz sonó despreocupada, casi divertida. "Sara tenía razón: quien se arrodilla por tan poco dinero no es más que una interesada. Apenas llevamos siete años juntos y ya está desesperada por sacarme dinero." Resultó que siete años de "prueba" no valieron más que un comentario venenoso de su vecinita de al lado. No importa. Desde el momento en que mi madre murió, ya lo había decidido: desaparecer de su vida para siempre.
View MoreLa gente siempre se inventa fantasías sobre lo que ya no puede tener.La voz de Pablo se quebró.—Leticia, lo de tu plata… no me la quedé adrede. Hace tiempo me dijiste que querías casarte conmigo, que querías ir ahorrando dinero. Yo… yo tenía miedo de que no pudieras ahorrar nada y quise ayudarte guardándotela yo. No quería quedarme con tu plata. De verdad, te amo. Puedo darte cosas mucho mejores que el Corazón del Océano.Iván se puso delante de mí, protegiéndome. Su expresión era de puro desprecio.—Señor Pimentel, sé lo que pasó entre ustedes. No lo mencioné porque no quería que Leticia se hiciera más daño. Pero si de verdad la amara, no se habría pasado años dudando de si ella estaba con usted por interés. Aunque alguien le haya envenenado la cabeza, la subasta lo dejó claro: usted no la ama. Yo le doy regalos a Leticia sin esperar nada a cambio. Con que ella sea feliz, me basta. Solo quiero verla sonreír cuando recibe algo. A mí no me importa cuánto cueste. Usted no puede decir l
Iván, cuando se pone nervioso, sí que tartamudea.—Ya entendí —le dije, riéndome—. Mañana me pongo mi ropa favorita. No le des tantas vueltas; yo tampoco le doy tantas vueltas.***A la mañana siguiente, abrí el clóset.Y al ver que la mitad del clóset era ropa que Iván me había regalado, me llevé la mano a la frente y se me escapó una sonrisa amarga.¿Cuál le gustaría más? Me acordé de su cara cada vez que me daba un regalo, y no pude sacar nada en claro. Porque él no parecía preocuparse por lo que le gustaba, sino solo por si yo iba a amarlo o no.Tres horas después, por fin me decidí: un vestido azul claro, elegante, con los hombros al descubierto. Perfecto para combinar con el Corazón del Océano.Iván quería pasar por mí, pero le dije que no. Quería llegar sola y darle una sorpresa; quería que me viera y lo entendiera sin palabras: que me gustaba su regalo, que me gustaban todos, y que yo también sabía devolverle el gesto.Solo que no esperaba toparme con Pablo antes de llegar. Ape
Cuando iba por la mitad de la sopa, Iván sonrió y preguntó:—¿Ya te llenaste?Se me nota. Cuando estoy llena, empiezo a comer más despacio.La comida que alguien te prepara con cariño, una se la acaba, aunque ya no pueda más. Yo siempre me la voy acabando poco a poco, a cucharaditas.—Si ya estás llena, no comas más —dijo Iván—. Si comes de más, te va a caer pesado.Me reí.—¿Cómo es que me conoces tanto?—Jajaja. No puedo evitarlo. Todo lo que piensas lo traes escrito en la cara. No tengo ni que adivinar.Era la primera vez que alguien me describía así. Para Pablo, yo siempre fui “la que calcula”, la "interesada".Si de verdad yo era como decía Iván, ¿por qué durante tantos años Pablo nunca se preocupó por cómo me sentía?Iván notó mi expresión y se apresuró a hablar.—¿Qué pasó? ¿Dije algo mal?Yo sonreí, negué con la cabeza y me recompuse.Entonces Iván sacó un estuche que traía escondido detrás de la espalda.—Mira, a ver si te gusta.Yo no me hice la difícil. Lo tomé y lo abrí ens
Decir que no me conmovió sería mentira. Él estaba ocupadísimo, podía inventarse mil excusas para sacarme de encima y aun así no lo hizo.Me cambié de ropa y me fui con Iván hacia el estanque.—Tu terreno es de dos hectáreas. Conviene mantener la profundidad en 2.5 metros. Y para desinfectar, por cada hectárea se aplican unos 150 kilos de cal viva. Pero el nivel del agua está demasiado bajo para criar peces.Saqué mi cuaderno. Anotaba a toda prisa y asentía sin parar.—¿Hay alguna especie que convenga meter?Iván lo pensó un momento.—En general, para un estanque de este tamaño, podrías meter más o menos dos mil carpas crucianas, mil quinientas bremas y unas veinte carpas plateadas. Pero si apenas estás empezando, mejor empieza con especies resistentes, fáciles de mantener. Y lo de los trabajadores no te preocupes: yo te pongo en contacto con un par de personas con experiencia.Señaló el agua y siguió, como si ya estuviera viendo el proyecto terminado.—Sobre lo del club de pesca por ni






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