Eva dobló el abrigo negro sobre el respaldo de la silla. Lo alisó con las palmas, despacio, como si planchara una armadura. El tejido olía a lavanda fría. A decisión.Carolina entró sin llamar. Tacones sobre el mármol del vestíbulo. El bolso colgando del codo. La cara tensa de quien no durmió.—Diana me llamó a las seis. Me dijo que no te detuviera.Eva no se giró. Siguió doblando una bufanda gris. Rectángulos perfectos. Manos ocupadas.—Diana habla demasiado.—Eva. —Carolina dejó el bolso en la mesa. El cuero crujió—. Margaret McKenzie te citó en una iglesia. Sola. Sin abogados. Eso no es una reunión. Es una trampa.—Es una cita. Y voy a ir.—¿Sin Valentino?—Sin Valentino.Carolina se cruzó de brazos. El silencio entre las dos pesó como un mueble viejo. Afuera, el ruido de la ciudad arrancando. Un claxon. El motor de un camión de basura.—Si no vuelves antes de medianoche, lo llamo.—No.—Eva.—Si no vuelvo antes de las doce, llamas a la policía. No a Valentino. A la policía.Caroli
Huling Na-update : 2026-08-25 Magbasa pa