La moqueta del pasillo olía a desinfectante de limón y a algo más. Algo dulce, podrido, como fruta pasada.Eva caminó sola. Los tacones se hundían en la felpa verde sin hacer ruido. Cuatrocientos ocho. Cuatrocientos diez. Cuatrocientos doce.La puerta estaba entreabierta.Empujó con dos dedos. La madera cedió sin resistencia. Dentro, una lámpara de mesilla encendida. Luz amarilla. Una cama deshecha. Y Harold.Sentado en el borde del colchón. El sobre marrón sobre las rodillas. Las manos encima del sobre. Los nudillos blancos de apretar.—Señora Rossi.—Harold.Él levantó la mirada. Las ojeras le llegaban a la mandíbula, como Diana había dicho. El cabello gris pegado a la frente con sudor.—Cierre la puerta.Eva cerró. El clic de la cerradura sonó definitivo.—¿Está sola?—Estoy sola.—¿Seguro? ¿Sin micrófonos, sin teléfonos grabando?Eva sacó el teléfono del bolsillo. Lo puso sobre la mesilla. Pantalla hacia abajo. Apagado.—Satisfecho.Harold no sonrió. Abrió el sobre. Sacó tres hoja
Last Updated : 2026-09-23 Read more