Hispital San Clemente, veinticinco años atrásEn la blanca y pulcra habitación, los ojos de María se posaron en el cuerpo de la mujer que yacía en la camilla con la cabeza vendada y la pierna derecha enyesada.En la pantalla de la máquina que monitoreaba sus constantes vitales, un pulso rítmico ondeaba como señal del estado de su corazón. En las ondas cerebrales, una línea continua que jamás cambiaría de forma sellaba su destino.—¿La familia no ha autorizado desconectarla? —No hemos hallado a su familia, seguimos sin saber su identidad. Nadie ha preguntado por ella tampoco. La policía está investigando, pero con lo del secuestrador en serie que llena los periódicos, no creo que le dediquen mucho tiempo —respondió el médico jefe de turno, con expresión meditabunda.—Con tantos pacientes esperando una cama, es casi una falta de respeto que ella siga aquí. Ya está muerta y su lugar es en el cementerio —sentenció María, que debía estar cuidando a sus pacientes de traumatología y no ahí,
Última actualización : 2026-08-29 Leer más