La pequeña celda, con sus barrotes oxidados y rincones enmohecidos, era fría incluso en aquella época del año. Sentado en la vieja banca, Stefano se frotaba los brazos. No le dio importancia a la amenaza de su padre y lo lamentaba. Ni siquiera había pensado mucho en el asunto de los productos químicos alterados, pero ahora, en la silente prisión donde el tiempo no transcurría, las piezas del puzzle encajaban: le habían tendido una trampa. En cuanto uno de los oficiales se asomó a los calabozos, le exigió hacer su llamada. Un abogado, eso necesitaba, y su cuñada era la única que conocía, así que llamaría a Enzo para que lo ayudara. —No te acuerdas de mí, ¿cierto, Costa? —le dijo el oficial. —¿Debería recordarte? No había mucha luz, pero las facciones que Stefano veía no le resultaron familiares. —De mí probablemente no te acuerdes, pero seguro que de Valentina sí. Stefano retrocedió, alejándose de los barrotes. Llevaba tanto tiempo sin oír ese nombre... —¿La conocí
Última atualização : 2026-09-19 Ler mais