Era un sábado por la mañana y yo estaba en casa, terminando de revisar unos papeles pendientes del trabajo, cuando sonó su timbre. Abrí la puerta y lo vi allí, con esa sonrisa que me hacía sentir como si el mundo entero desapareciera cuando estaba cerca.—Buenos días, Lara —dijo—. Ponte cómoda… bueno, cómoda pero arreglada, porque hoy te voy a llevar a un sitio especial.—¿Especial? —pregunté, sorprendida mientras él me ofrecía su brazo—. ¿Pero… sorpresa?—Sorpresa —confirmó, guiándome hacia su coche—. Solo confía en mí.Mientras conducíamos, mi curiosidad crecía con cada kilómetro. El aire estaba fresco, el sol brillaba y él no dejaba de mirarme de reojo, como si disfrutara mi intriga.—No voy a preguntar —dije finalmente, cruzando los brazos y sonriendo—. Pero espero que valga la pena.—Lo hará —respondió él, sonriendo, sin soltar mi mano ni por un segundo—. Confía en mí, todo va a salir perfecto.Llegamos a un pequeño restaurante al aire libre, escondido entre árboles y luces cálid
Última atualização : 2026-02-04 Ler mais