Irene se quedó paralizada.Las mentiras no hieren; la verdad es la que corta como un cuchillo.Su respiración se volvió agitada, los ojos se le enrojecieron y, señalando a Santiago, gritó furiosa:—¿Tienes el descaro de repetir lo que acabas de decir?Santiago la miró con frialdad, tiró la colilla del cigarro y se dio la vuelta para irse.—Digo lo mismo: ¡lárgate!Esta vez, nadie se atrevió a detenerlo.Al ver su figura alejarse, Irene temblaba de rabia y gritó:—¡Ya verás, no te voy a dejar así!***El incidente de hace un momento no dejó huella en Santiago.Por el contrario, le ayudó a desahogar gran parte de la ira que llevaba dentro.El trasfondo familiar de Irene no era simple, pero Santiago no le tenía miedo. Él no era un cobarde que se dejara pisotear sin atreverse a responder.¿Temer represalias?La única persona que le preocupaba era Mariana. Pero, comparando antecedentes, los abuelos maternos de Mariana pertenecían a la familia Mireles, un clan multimillonario. ¿Quién se a
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