Pilar asintió, sonriendo:—Lo que dices también tiene algo de sentido. Quién lo diría, Santiago resultó ser todo un celoso.Renata, molesta, dijo:—No te burles. Ahora no me habla, ¿qué se supone que haga?—Pues tú tampoco le hables. En un tiempo se le pasa —dijo Pilar con ligereza.Renata suspiró:—Pero no quiero entrar en una guerra fría. Llevamos tantos años casados y casi nunca hemos pasado por algo así... no estoy acostumbrada.Pilar se encogió de hombros:—Entonces ahí sí no puedo ayudarte. Yo estoy soltera, no entiendo esas cosas del amor.Al oírla, Renata soltó otro largo suspiro.De pronto, a Pilar se le ocurrió algo. Se incorporó y, con aire misterioso, dijo:—No hay nada que una vez de sexo no pueda arreglar. Y si no basta... pues dos veces.Al escuchar eso, los ojos de Renata se iluminaron.—¿De verdad?En efecto, llevaban varios días sin tener relaciones, y en su mirada apareció un rastro de expectativa.Pilar, al ver su expresión, chasqueó la lengua.—Yo digo que ya traes
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