La mañana llegó con una luz gris y filtrada por la neblina que parecía negarse a abandonar la ciudad. Amelia no había pegado el ojo en toda la noche. Cada crujido de la madera, cada susurro del viento contra el cristal, la hacía saltar de la cama con el corazón en la garganta. Sin embargo, al salir de su edificio, la calle parecía insultantemente normal. El roble viejo estaba allí, solo y despojado de sombras amenazantes, y la acera donde Julian había estado de pie no mostraba más rastro que unas cuantas hojas secas.—Fue el cansancio, Amelia. Solo el cansancio —se mintió a sí misma mientras caminaba hacia la librería “El Manuscrito Perdido”.Pero en su bolso, envuelta en un pañuelo, descansaba la rosa negra. Su peso era mínimo, pero ella la sentía como una piedra fría contra su costado.Al entrar en la librería, el olor a papel viejo, cuero y cera de abeja la envolvió. Era su lugar seguro. El señor Henderson, el dueño, ya estaba en la parte trasera tomando su té. Amelia se refugi
Última atualização : 2026-02-08 Ler mais