Miguel dio un paso al frente, acortando la distancia hasta que Elena pudo sentir su aliento gélido. —Daniel no está aquí ahora. Llámame Miguel. Elena contuvo la respiración, con la espalda pegada a la puerta de acero. La mirada del hombre frente a ella era la de un extraño; fría, calculadora y desprovista de la más mínima pizca de la dulzura que Daniel solía mostrar. Sin embargo, antes de que Miguel pudiera tocarle siquiera un cabello, su cuerpo se tensó de repente. Cerró los ojos con fuerza, aferrándose al borde de una mesa hasta que sus nudillos se volvieron blancos. Un gemido ahogado escapó de su garganta, como si una tormenta estallara dentro de su cabeza. —¡Maldito seas, Daniel! —gruñó con voz ronca y entrecortada. En cuestión de segundos, la tensión de sus hombros desapareció. El hombre se tambaleó, a punto de caer si no fuera porque logró sostenerse de una silla. Al abrir de nuevo los ojos, la mirada de depredador se había esfumado, reemplazada por una confusión y un d
Última atualização : 2026-03-08 Ler mais