En un parque cercano se vivía un caos completamente distinto al de la oficina.Un caos vivo… cálido… lleno de risas.Los mellizos corrían entre los juegos, gritando, riendo, persiguiéndose como pequeños torbellinos imposibles de contener. Sus voces llenaban el aire, y Margaret los seguía con la mirada sin perder detalle, como si temiera que, si parpadeaba, se perdería algo importante. Su celular capturaba cada instante: cada carcajada, cada salto, cada travesura.—¡Abuelitaaaaaaa, empújame! —gritó Micca, subiéndose al columpio con entusiasmo.Marcel, sin quedarse atrás, se acomodó en el otro.—¡Y a mí también!Margaret sonrió, acercándose con ese amor que le nacía sin esfuerzo.—Veré si puedo con los dos, mis niños…Intentó empujar primero a uno, luego al otro, pero el ritmo no era suficiente para la energía desbordante de los pequeños.—¡Abuelitooooooooo! —gritó Marcel, girando la cabeza—. ¡Empújame tú, por favor!George, que estaba sentado en una banca fingiendo mirar su celular, le
Última atualização : 2026-05-08 Ler mais