Era bastante extraño que Fernanda aún no hubiera aparecido. ¿No habíamos quedado ayer en que le enseñaría a entrenar?Saqué el teléfono y le envié un mensaje.—¿Dónde estás? ¿Por qué no has llegado?Pasaron varios minutos antes de que Fernanda respondiera.—Ya voy en camino.Tuve la ligera sensación de que me estaba ocultando algo, pero no lo pensé mucho y seguí con el entrenamiento de la noche.Había muchas alumnas esa noche, así que fui pasando de una a otra. Las ponía a hacer sentadillas profundas, bien, sacando el trasero, hasta que todas terminaban con los glúteos bien firmes y redondos.Diego, que observaba desde un costado, tenía los ojos vidriosos.—Pablo, con tantas mujeres espectaculares aquí… me estoy calentando demasiado.Miré a las alumnas. Eran demasiadas; yo solo no alcanzaba a atenderlas todas. Le hice una seña a Diego.—Ayúdame a entrenarlas.—Pero yo no sé cómo —respondió él, algo nervioso.Chasqueé la lengua.—No pasa nada, yo te enseño.Le expliqué los puntos clave
Read more