—¡Esto es imposible!Dante le arrebató el contrato de la mano a Carlos.Ahí, estampado con total claridad, estaba el escudo de espinas negras de la familia Ricci.—¡Imposible! —frunció el ceño—. Este contrato fue manipulado… Elena, fue usted, ¿no?Al oír eso, Sofía me miró con los ojos llenos de lágrimas.—Elena, no sé cómo hizo esto, pero le digo que simplemente pague. No quiere saber qué pasará si Escobar se entera.Los miré con una expresión inocente.—Dante, ¿no dijo usted que pidió el dinero prestado a nombre de la familia? ¿Por qué está tan sorprendido ahora?En cuanto terminé de hablar, el reloj marcó la medianoche.Con un leve asentimiento de Carlos, los hombres detrás de él se dispersaron, comenzando a tomar todo lo que encontraban a la vista.El rostro de Dante se oscureció al ver la escena.—¿Qué significa esto?Carlos solo sonrió.—Si usted no puede entregar el dinero, lo encontraremos nosotros mismos.—Considérelo una advertencia. Si no alcanza para cubrir la
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