El silencio de la casa recién comprada se rompió con nuestras respiraciones agitadas.Estábamos sentados en el suelo de madera del pasillo, rodeados por las prendas de mi esmoquin y su lencería destrozada. Tenía la cabeza apoyada contra la pared, y Adriana estaba acurrucada en mi regazo, con el rostro hundido en mi cuello, su piel pálida perlada de sudor y temblando por las réplicas del clímax.Pasé mis dedos lentamente por su cabello rojo, desenredando los nudos que yo mismo había creado.—Eso... —murmuró ella, con la voz rota y carente de oxígeno—... fue solo el aperitivo, ¿verdad?Solté una carcajada ronca que vibró en mi pecho, apretándola más contra mí.—Apenas estamos empezando, Summers —le prometí, depositando un beso húmedo en su hombro desnudo—. Tenemos toda la puta vida por delante.Me levanté, llevándola en brazos con la misma facilidad que el primer día, y caminé hacia la inmensa escalera que daba a la segunda planta.La habitación principal era un santuario de tonos neutr
Última actualización : 2026-04-28 Leer más