¡Clac!La correa de cuero que le ataba la muñeca se soltó.Cuando pensé que me empujaría, Aurora, para mi sorpresa, me rodeó el cuello con los brazos.—¡Más, más, papi!La urgencia de ella crecía; yo la sostuve por la cabeza y apreté mis labios y mi lengua contra los suyos.—¿Se siente bien?Aurora no respondió, pero algo en sus ojos empezó a cambiar.Bajo ese velo húmedo, el deseo comenzaba a ascender.Bajé la mirada: sus jeans estaban empapados de sudor, pegados a la cara interna de sus muslos, marcando la forma de esa hendidura.—¿Qué quieres?Repetí el mismo movimiento, sonriendo mientras presionaba los dedos ahí.Esta vez no fui con rodeos; usé toda la palma para aplastar ese lugar más suave y froté con fuerza.Su cuerpo se tensó, su cuello se arqueó hacia atrás, marcando la curva más hermosa.La boca de Aurora se abrió de par en par, pero no salió ningún sonido.Sin saber por qué, saqué una mano y la acerqué a sus labios.—Mmm, mmm...Aurora tomó mi dedo entre sus labios, y yo lo
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