Al abrir el clóset, Sonia vio que faltaban tres cambios de ropa de Javier, así que supuso que ese día había vuelto a salir de viaje por trabajo.Como Luis siempre tenía hambre, en esa casa se cenaba temprano.A las siete, la mesa ya estaba servida.Como el único hombre de la casa era Luis, Sonia siguió igual que siempre: los días en que no salía, se pasaba todo el día en camisón.Llevaba un camisón blanco de seda con tirantes finos, que le llegaba hasta las rodillas, dejando al aire unas pantorrillas blancas y esbeltas.El escote no era muy pronunciado; apenas dejaba ver su cuello largo y las clavículas delicadas. La tela suave se ceñía a su figura y resaltaba sus hombros finos, la cintura estrecha y las curvas bien marcadas.Era un diseño sencillo, pero en ella desprendía un encanto suave y profundamente femenino.Las empleadas de la casa ya llevaban varios días tratándola, pero cada vez que veían a Sonia volvían a quedarse embobadas por un instante.En cambio, para Luis, Sonia era si
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