La mirada de Javier se quedó fija.Se le clavó encima sin moverse, tan intensa que casi parecía tener peso, como si una llama invisible le estuviera quemando el pecho a Sonia.Ella pasó junto a él con la vista al frente, como si nada, y fue directo al clóset. Llevaba el rostro sereno, los rasgos tranquilos, igual que siempre.Claro, siempre que uno pasara por alto lo rojas que llevaba las orejas.Cuando su figura fina y femenina pasó a su lado, Javier percibió en ella ese aroma limpio y delicado mezclado con el suyo.Ambos aromas se enredaban entre sí, suaves y persistentes, como si todavía llevaran encima algo del otro.Él vio la calma de su cara. Y también vio, al deslizar la vista un poco más atrás, esas orejas completamente encendidas.Una sonrisa se le dibujó en los ojos.Sonia abrió el clóset y vio sus diez brasieres colgados cada uno por su cuenta, con todos esos colores vivos salpicando el blanco, el negro y el gris de la ropa de Javier.Uno aquí, otro allá, incluso había uno e
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