—E... el jefe... —balbucié sin poder articular palabra.Dio unos pasos hacia nosotros y, al ver a la joven con la ropa desacomodada, se enfureció aún más. —¡¿Con esa actitud trabajas?! ¿Haciendo estas cosas en la tienda?—No es lo que parece, puedo explicarlo...—¿Qué hay que explicar? —dijo el jefe señalándonos, con la decepción pintada en la cara.Natalia, asustada, se encogió detrás de mí temblando, con las lágrimas rodándole por las mejillas.—Jefe, en realidad ella es...—¿Quién es ella? ¿Tu novia, y por eso crees que puedes hacer lo que te dé la gana en la tienda? Andrés, me porté muy bien contigo. ¿Y así me pagas la confianza?Enseguida suspiró y salió de la bodega:—Tienes cinco minutos para arreglar este desastre.Cinco minutos después, cuando la joven y yo salimos de la bodega, escuché al encargado decirme. —Andrés, mañana no vengas.—¿Cómo? Jefe... —Lo miré incrédulo.—Llevas dos años trabajando aquí y te traté bien, ¿no? ¿Y esto es lo que me das a cambio?El encargado hiz
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